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Casa de la Militancia Abasto/Once

....................... .......... .  . ...... . ..... Juventud Nacional

"Confianza en la Democracia, rebeldía contra la injusticia, sueño de Solidaridad, continuamos en la Lucha"

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Militancia en el Barrio   |   Acto con Militantes Sociales

Rosa Rosinblit  | Luis Farinello  | Maximiliano Ferraro

Discurso de Víctor De Gennaro

Con este modelo vigente se busca quebrar no sólo la voluntad de poder de nuestro Pueblo, si no de lastimar cualquier perspectiva de transformación y de protagonismo de los verdaderos hacedores del país, que somos los trabajadores. Porque hasta que nos demuestren lo contrario, la riqueza no la crea el dinero en un banco, la creamos los trabajadores. Aunque la usufructúen otros. Los trabajadores –y nos sentimos orgullosos de ser trabajadores- somos eso: trabajadores.

El Sindicalismo no es una profesión, aunque alguno lo haya tomado así, se haya transformado no sólo vistiendo como empresario, pensando como empresario, si no siendo empresario en otra cosa. Y lo hayan utilizado para deformar lo que pasa con los trabajadores y con los sindicalistas. Es una responsabilidad momentánea que nos sustenta a los compañeros: ¡que nos dan!, y que nosotros asumimos con orgullo la representación. Yo sólo soy la punta de iceberg, hay miles y miles y miles de dirigentes, sindicalistas, activistas, que construyen el sindicalismo cotidianamente. Que laburamos para llegar a fin de mes, que tenemos problemas familiares, que tenemos dificultades, ilegalidades; hoy más de 600 compañeros que están siendo procesados penalemnte, no por robar, si no por estar al frente de la lucha sindical. Y eso que aparece en la televisión como "explosión social", Cutral-Có, Tartagal, Cruz del Eje, la "marcha federal", la "marcha de los maestros"; no es algo abstracto, hecho desde la nada. Ni espontáneo como lo marca la televisión; no, atrás de eso hay muchos, militancia, actividad, esperanza, reuniones, organización; fundamentalmente de los militantes reales del sindicalismo argentino. Y eso me llena de orgullo. Me llena de orgullo ser parte de esa historia; por ahí algún día, empecé a sentir algo –que me hace sentir orgullo de ser trabajador- que es ser parte de una historia. Uno aprende que la historia no empieza cuando uno llega, que uno es parte de algo mucho más grande, de algo que se viene construyendo de tiempos y tiempos. Esa historia que enorgullece, y que hoy empieza a abrir una perspectiva diferente. Entonces, cuando están homenajeando a la CTA, es homenajear a la esperanza de construir un sindicalismo diferente. Están planteando que es posible que esa esperanza se organice en poder, y eso lo asumimos plenamente, y no vamos a renunciar a eso; a pesar que ellos apostaron que desapareceríamos. A pesar de que ellos apostaron a desaparecernos ¡realmente!

Hace poco estuve, y tuve la suerte, -la verdad que fue un momento muy importante para mí- junto al Juez Garzón. Para ir a hacer quizá lo que hubiera querido hacer acá, pero no puedo. Es ir a demostrar que hubo un genocidio y un terrorismo de Estado. Y ese genocidio y terrorismo de Estado fue para quebrar a miles y miles de compañeros: desaparecidos y fundamentalmente trabajadores y militantes de los trabajdores. Torturar a más de 90.000 compañeros y detener (fundamentalmente militantes de la clase trabajdora); exiliar a más de medio millón de compatriotas y despedir de las fábricas, de los sectores de trabajo, a más de medio millón de trabajadores, de militantes; y todo por imponer un modelo económico, político, social y cultural. Ese Martínez de Hoz, la FORD, los Blaquier en el Norte, los astilleros, los grandes grupos económicos que son los responsables de lo que nos pasa hoy. Hoy hay pobreza, hay hambre, pero no por designio divino, si no porque hay unos cuantos vivos que se están enriqueciendo a costillas del padecimiento de nuestro Pueblo. Esa es la verdad por la cual luchamos nosotros, para cambiar esa situación; y para pensar en el futuro hay que sentirse orgulloso de donde venimos.

Frente al Juez Garzón, que abrió una puerta al dolor, porque es cierto que sufrimos volver a poner todo ahí, poner esa realidad también puede sentir orgullo; ¡orgullo! De que esa clase trabajadora es la que construyó el país, la que olfateó el poder, la que quieree ser parte y protagonista de nuestra historia, la que es dueña de nuetsro destino, y que lo vamos a pelear. Es la esperanza lo que nos movilizó en los momentos más graves, más difíciles, y a querer no sólo comprometernos con ese pasado si no con el futuro. Y creo que eso es lo que me permite decir estoy orgulloso como parte de la clase trabajdora y de ese sindicalismo real y concreto, no el que nos muestran por la televisión, si no el auténtico; es que empieza a ser posible cambiar esta situación.

Yo creo, que como aquí se hablaba, es cierto que hay un nuevo tiempo. Hay un nuevo tiempo, que no nos lo regaló nadie. Lo que hizo ayer Menem, o los que hicieron muchas cosas que están pasando en los últimos tiempos, no nos lo regala nadie; es producto de nuestro esfuerzo. Es producto de nuestra constancia y de nuestra perseverancia. Es producto de que nuestro Pueblo empezó a olfatear que esto no alcanza, no sirve, no es bueno; y empezó a construir con cinco paros generales, con "el apagón", con el esfuerzo militante, con la lucha contra la impunidad; sectorialmente un nuevo tiempo que nos toca vivir a nosotros. Empezar a discutir no sólo cambiarle la cara al Presidente, si no empezar a cambiar el modelo económico, político, social y cultural que le da origen, que le da sustento, y que trata de mantenerlo a él o a cualquiera. Es ese el compromiso que sí tenemos; ¡orgullo y compromiso!, que son las pautas fundamentales que sí asumimos nosotros cuando generamos esa Central de Trabajadores. Quizá lo único bueno que hicimos, y que lo reivindico, dejar de pensar "que mala era la CGT", dejar de pensar lo malo que era lo otro, dejar de pensar que no podíamos hacer la central que queríamos, la central de unidad con todos los trabajadores, la central de los precarios, de los subocupados, de los desocupados, de los jubilados, de los permanentes; la central que queremos. Hay que empezar a construir lo que queremos y no echarle la culpa a los otros de lo que seamos capaces de organizar por nosotros mismos. Nadie nos lo va a regalar.

Las grandes transformaciones, las grandes revoluciones –decía alguien que de esto sabía mucho- no la construye la injusticia, no la construye la pobreza, no la construye la maldad; la construye la esperanza.

Seamos capaces los que estamos acá, ahí, en todos lados, de superar las mezquindades, las limitaciones, el sectarismo, y poniéndonos a la altura de nuestro Pueblo, y su necesidad, capaces de construir esa esperanza, transformarla, y poder realmente transformar la realidad. Gracias.