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Casa de la Militancia Abasto/Once

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"Confianza en la Democracia, rebeldía contra la injusticia, sueño de Solidaridad, continuamos en la Lucha"

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Documentos y Escritos

"Un nuevo proceso como instancia creativa: Una mirada a las Asambleas Barriales"

La década del ´90 en la Argentina estuvo signada por una instancia de atomización social, representada por la falta de compromiso, el desinterés, el miedo, el egoísmo y el desapego por lo público, incidiendo directamente sobre la misma condición de "ciudadanía".

Sin embargo, luego de las grandes movilizaciones que obtuvieron las renuncias de los presidentes Fernando De la Rúa y Adolfo Rodríguez Saá, quedó claro cómo estaba conformada, o bien, cuáles eran los medios de protesta escogidos por los diferentes sectores sociales: los sectores bajos recurrían al "piquete" y los sectores medios a las "cacerolas". El hecho de que estas manifestaciones populares terminaran con el mandato de dos presidentes, puede llevarnos a pensar que existió una modificación en la forma de accountability vertical. Si ésta se definía a través de las elecciones, es decir, el premio o castigo al momento de elegir representantes, esto mismo ya había sufrido modificaciones, de alguna manera, con las elecciones del 14 de octubre pasado, donde el muy difundido "voto bronca", caracterizado por el voto nulo y el voto en blanco, alcanzó alrededor de 4 millones de sufragios. Es como si la población estimara otra forma de accountability vertical: movilizarse y manifestarse, toda y unida, contra aquello que no comparte o que pretende cambiar.

De este modo, ha comenzado a gestarse un nuevo proceso de participación democrática, que se manifiesta a través de asambleas vecinales/populares. Estas asambleas se han extendido por todo el país -podemos encontrarlas en las provincias de Neuquén; Mendoza; Buenos Aires; Tierra del Fuego; Córdoba; Santa Fe; Ciudad de Buenos Aires; y otras-. Son plenamente democráticas y resolutivas, "donde se oscila entre propuestas de relevamiento barrial y solución a sus problemas, planificación de actividades semanales, declaraciones políticas de carácter general y discusiones sobre los procedimientos a seguir en la misma asamblea"(1); eligen delegados que concurren a la Asamblea Interbarrial, donde se leen y votan todas las propuestas de las distintas asambleas "menores". Esta nueva forma de participación y expresión ha sido tildada de anárquica, y esto es cierto si consideramos que todavía no han logrado una institucionalización completa y aún no se han articulado con el resto de los componentes del sistema político como instancias válidamente resolutivas y/o decisoras (o por lo menos legalmente reconocidas).

Lo anterior, nos lleva a hacer una salvedad muy importante en torno a los conceptos de "institución" y de "ingeniería política": "Es necesario saber que las instituciones son expresión de creencias arraigadas y de la voluntad de los pueblos, pero que no descansa en ellas exclusivamente que una sociedad sea políticamente estable. / En cuanto a la ingeniería política, debe afirmarse algo similar. La capacidad científica de hoy puede proporcionar infinitas soluciones técnicas para estructurar la sociedad política, lo que hace pensar en que un sistema de gobierno óptimo depende de la rigurosidad con que se perciben todos los problemas que es necesario prever y la meticulosidad para encontrar las soluciones adecuadas a ellos. Se olvida con frecuencia que lo distintivo de la política es su carácter humano e histórico, y por lo tanto cambiante, y las instituciones, (...) no son meras excelencias académicas"(2). Esta salvedad podría resultar fundamental si se la tuviera en cuenta al momento de discutir la mejor manera de articular estas formas en gestación, con las anteriormente existentes.

Ahora bien, puede sostenerse que esta nueva participación se caracteriza por una situación coyuntural ("el corralito"), pero al adentrarse se encontrarán bases sólidas de un conflicto irresuelto (la desintegración de la clase media; la desocupación, subocupación y sobreocupación crecientes; la destrucción del aparato productivo; la especulación; la complicidad; la desarticulación del Estado de Derecho). Más allá del componente de clase que pueda tener este proceso, debe tomárselo como instancia positiva, ya que de lo contrario se estaría "haciendo el juego" a la derecha reaccionaria, deseosa de mano dura y "orden".

Además, estos nuevos movimientos: anárquicos –como muchos los tildan-, ruidosos, desorganizados, desafiantes, tienen un contenido fundamental que es el ideal de transformación. Están impregnados de un profundo hartazgo hacia la mentira, la prebenda, la corrupción, la falta de transparencia, la oligarquización de la política. Y frente a esto –como lo vivenciamos-, la sociedad busca recuperar sus hábitos de movilización y organización.

Lo valioso de este proceso es la instancia de "democracia directa" o "semidirecta" que se está gestando. Las personas que nunca participaron en Política, sea en partidos políticos, sea en organizaciones sindicales o vecinales, han empezado a participar. Y esto abre la posibilidad para recomponer el tejido social a través de la recuperación de espacios públicos (ámbitos de participación, interacción y trabajo públicos) y de fuerzas vivas troncales. Y reconstituir así, una Democracia de abajo hacia arriba. A partir de ello, nuevas formas democráticas se muestran como pasibles de poner en práctica: el referéndum; la consulta; la iniciativa; los planes profundos de descentralización.

Esta nueva forma de hacer política, entendida –y sólo así- como práctica política cotidiana, puede reforzar los lazos entre los ciudadanos y la Política, y combatir enérgicamente la concepción "delegativa" que la Democracia había empezado a tomar. Y a su vez, produciría cambios profundos en la cultura política de nuestro país: Ya no existiría simplemente porque una norma lo dispone, si no más bien, porque surgió de un reclamo popular.

Hemos de citar algunos fragmentos de un trabajo de Tomás Moulian, en el cual toma una crítica de Rosa Luxemburgo al partido de Lenin, que puede arrojar luz y que de algún modo caracteriza la importancia del proceso que está en gestación: "(...) la libertad no podía ser el privilegio de los coincidentes, sino el derecho de los disidentes (...) un poder separado de las masas tendería a cristalizarse, en ese sentido a burocratizarse; por lo tanto, tendería a reproducir y perpetuar la separación entre dirigentes y dirigidos, cuya evolución final sería la constitución de un estrato político autónomo, con capacidad de acción independiente respecto a los representados (...) la libertad deja de ser eficaz cuando se convierte en un privilegio dispensado por el Estado". A partir de lo cual, Moulian, elaborará y sostendrá que "(...) la restricción de la libertad (política) es la disolución de la lucha, de la asociatividad, de la necesidad de articular y, por ende, es el principio de disolución de la política (...) La democracia intenta ser una forma de organización de la soberanía popular y de la libertad política, que son sus dos principios fundamentales inseparables. Porque organiza un espacio de libertad política puede organizar el otro, el de la soberanía popular. Ésta se materializa específicamente en la posibilidad de constituirse como sujeto social que expresa intereses, demandas, visiones alternativas de sociedad, o que realiza prácticas (...) Se Hace necesario considerar a la democracia, en cuanto es organización social de la libertad política y de la soberanía popular, como un campo de constitución de sujetos múltiples. Es esa multiplicidad la que permite la manifestación de la totalidad de los conflictos, expresiones de masas y universos culturales y políticos diversos y antagónicos de donde el sujeto popular se nutre para poder desarrollar su alternativa"(3).

Lo que se está dando en definitiva, es una "sobredimensionalización" del componente democrático, que pide una acentuación del componente republicano y el respeto del componente liberal; además de la creación e/o incorporación de otras formas de participación y expresión ciudadana(4).

No obstante, no todo es color de rosa. Si bien se reconoce la positividad de este proceso, surgen muchos desafíos e interrogantes. Uno puede tener la impresión de que la gente sabe muy bien lo que no quiere, pero que aún no clarifica consistentemente lo que realmente pretende. Por esta razón, la sociedad movilizada, debe empezar a organizarse, canalizar esa energía en una institucionalización (una reforma institucional) que consolide la sociedad civil, a partir de la asociatividad, la renovación política, la recuperación del interés por lo público (tanto en el nivel local como en el nacional), y nuevas formas de control (tanto vertical como horizontal). El desafío está en recuperar el sentido de lo público, y rearticular el sistema político y social de abajo hacia arriba.

Si las asambleas sólo se quedan en lo puramente declarativo -o bien resolutivo, pero relacionado únicamente con la movilización-, se corre el riesgo de salidas autoritarias, de cooptaciones desintegrativas y de una vuelta a la apatía y el desinterés.

Damián Carlos Morán

Militante de "Casa de la Militancia" - ARI

Sección Novena

morandamian@yahoo.com.ar

 

(1) Vassallo, Marta, "Vecinos asambleístas", en Le Monde diplomatique, Año III, número 32, febrero 2002, p. 5.

(2) Nohlen, Dieter, "La reforma institucional en América Latina. Un enfoque conceptual y comparativo", Alianza, 1991, p. 34.

(3) Moulian, Tomás, Democracia y tipos de Estado: Disquisiciones en dos movimientos, FLACSO, Santiago. Ponencia al Taller sobre "Política y Estado en América Latina", Departamento de Estudios Políticos, CIDE, México, octubre – noviembre, 1981. La cursiva es nuestra.

(4) Siguiendo a O´ Donnell podemos entender al "componente liberal" como la idea de que existen ciertos derechos que ningún poder –incluso el estatal- puede invadir. Mientras que, "componente republicano" hace referencia a la idea de que el desempeño de funciones públicas es una actividad dignificante que exige cuidadosa sujeción a la ley y entrega devota al servicio del bien público, por más que ello implique el sacrificio de los intereses privados de los funcionarios. Ver O´ Donnell, Guillermo, Accountability horizontal, Ágora N° 8, pp. 8 y 9.