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Casa de la Militancia Abasto/Once |
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Estela Carlotto: "Reivindicar la figura de Karakachoff me llega muy al corazón" Es un placer estar con Uds., que estos actos se hagan es una garantía de que vamos avanzando, de que hay interés en cambiar. Yo vivo en La Plata, por lo cual reivindicar la figura de Karakachoff me llega muy al corazón. Pienso, si alguna vez me lo habré cruzado por la calle, en esas diagonales, en esas calles llenas de tilos, con ese olor tan particular, sin reconocerlo porque estaría mezclado con los miles de militantes populares que poblaron la ciudad de La Plata y que por ser como eran fueron arrasados sin piedad por la Dictadura Militar. A mí me llevó una hija, también una militante estudiantil de la Universidad de La Plata. En estos 20 años que pasan, uno hace un balance personal, pero también grupal y social, que tiende a esta buena disposición y este optimismo que también tenemos las Abuelas de Plaza de Mayo. No somos las mismas personas que éramos entonces, esta dictadura nos cambió. Cada vez que escuchábamos una marchita en la radio que anunciaba un golpe militar, no nos escandalizábamos. Veíamos que venía una mano dura, que ponía orden, y desalojaba sistemáticamente un gobierno constitucional elegido por el pueblo, pero que estaba violentando los derechos fundamentales de un pueblo soberano; pero no hacíamos nada, no salíamos a la calle. No protestábamos contra quienes usurpaban el poder, y que lo hacían desde 1930. Entonces, la historia viene de lejos, la historia de la indiferencia, ya existía. Cuando mi hija empezó a militar, en la JUP, lo hacía a la luz del día, venían a mi casa y rompían sábanas que yo les daba para hacer carteles; mi esposo les daba pintura. Uno olfateaba que algo se estaba poniendo espeso, y nos daba miedo a los padres. Yo le decía a mi hija mayor: Laura, por qué en vez de hacer política, no vas a la Casa Cuna a cuidar chicos. Porque era mi concepto: la limosna. Ellos querían el cambio radical. Y tenían apuro, tenían prisa, porque sabían lo que se venía, que es esto que estamos viviendo ahora. Ella me decía, mamá nosotros no queremos el parche, el remedio, queremos cambiar la sociedad, que exista la justicia social para que no existan las casas cunas, para que no existan chicos abandonados. Yo empecé a aprender y aprendí de mis hijos. Fui aprendiendo, fui creciendo. Yo no era egoísta, fui docente de una escuela de campo, donde mis alumnos se dormían en el pupitre porque no podían comer. Donde yo dejaba mi sueldo comprándoles cosas. Dábamos lo que nos sobraba, nuestros hijos dieron lo máximo que fue la vida, y la vida no le sobra a nadie. "Laura por qué no te vas del país, mirá que te están buscando, te van a matar". ¡¡¡Cuántos muertos en La Plata, cuántos Karakachoff!!!. "Pero mamá, cómo me voy a ir, si yo tengo que cambiar acá el país. A mí no me están buscando, yo no hago nada; pero si morimos, mamá, nadie quiere morir, pero si morimos nuestra muerte no va a ser en vano". Yo creo que no fue en vano, no fue en vano porque ya llevamos 12 años de gobiernos que votamos mal, bien, torcido, derecho, pero los votamos. Vamos a seguir votando, vamos a seguir manifestando y cada vez vamos a ser más los que vamos a hacer filas para manifestar. Golpeemos la puerta que tenemos que golpear, no cerremos el corazón para decir "éste algo hizo". Porque eso decían los militares, "algo hicieron". Sí que hicieron, claro que hicieron, en algo andaban, claro que algo andaban. En muchas cosas. Que si hubiesen triunfado no tendríamos el país entregado, no tendríamos el hambre, la desocupación y los chicos que se mueren. Vamos cambiando, vamos cambiando nosotros, porque ahora no busco solamente la Verdad y la Justicia por Laura, si no la Verdad y la Justicia por los 30.000. No busco un nieto que tiene ya 19 años, que se lo robaron a las cinco horas de nacer, a mi hija, busco a todos los nietos. No pienso sólo en los chicos desaparecidos, pienso en todos los chicos de mi país que no comen, que piden limosna, que no tienen cariño de mamá y papá. Me preocupan estos chicos, y me preocupan los chicos del mundo, parece demasiado grandilocuente, pero es así. Porque hemos crecido como país, estos 20 años; esa marcha del 24 de marzo, 150.000 personas en familia. Fue la misma familia que concurrió a la plaza en Semana Santa, fue la misma familia que concurrió cuando obtuvimos el primer gobierno constitucional y es la misma familia que tiene esperanza, que se une y participa. Ahora estamos acá en el ´96 para tratar de dar vuelta esta tortilla, y lo tenemos que conseguir. Porque despacito, rodando, rodando, la piedra se parte. Tenemos ejemplos sublimes en este país que imitar, hagámoslo. Hagámoslo por la Juventud que son los hijos de nuestros desaparecidos, que están esperando de todos nosotros algo positivo.
* Conferencia "Los Derechos Humanos en los ´90"; realizada el 19 se septiembre de 1996.
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