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Documentos y Escritos | Discursos y Notas
Entrevista a Lilita en XXIII - 25 de abril de 2002 Elisa Carrió se niega a responder una pregunta que considera "banal". No. De ninguna manera va a decir cuál sería su primera medida de gobierno si llegara a cruzarse la banda presidencial sobre el pecho. Mujer. Dura y de centroizquierda. Candidata firme en medio del caos. Aún consciente de eso, no va a contestar. "Todavía no estoy ahí", dice a modo de negativa. Pero enfatiza el todavía y argumenta su obstinación: "Lo que diga lo voy a cumplir. Soy muy respetuosa de la palabra". –El Gobierno dice "nosotros o el abismo". –En realidad van al abismo. Negando la realidad, ellos construyen pactos de desobediencia política y dicen: "Si nosotros sobrevivimos al 2003 incluso podemos ser candidatos". Y están negando un proceso de cambio social sin precedente. Y esto los lleva al suicidio. Si fueran sanos admitirían que estamos en un proceso de descomposición, en un proceso de legitimación y que sólo pueden sobrevivir siendo generosos. ¿Cómo? Permitiendo una renovación institucional. –¿Llamando a elecciones? –Ya en diciembre dije que había que hacer un pacto de tres o cuatro cuestiones centrales en el Parlamento, llamar a elecciones ordenadas –no incluyendo las internas del PJ en esto– y estar en abril o mayo con un presidente electo que pueda marcar una transición hacia una nueva Constitución, un nuevo Poder Judicial y otro orden económico. Pero en el fondo, el peronismo nunca quiso hacer algo racional. Siempre estuvo primero la interna y el conflicto antes que darse cuenta de que la salida institucional evitaba esto: la debilidad de la autoridad en la Argentina. Incluso ahora hasta la democracia corre riesgos. Porque ahora... ¿qué pasa si cae Duhalde? –Entonces estaban en lo cierto respecto de "ellos o el abismo"... –¡Es que ellos condujeron al abismo! Si garantizaban una salida institucional ordenada lo evitaban. Los superó su deseo de permanencia: por eso son responsables de lo que suceda en el país. Yo se los advertí. A todos. Dije: "Guarda; que viene el cuarto y último huracán". Y ahora esto es el caos. –¿Este es el peor escenario? –Es el escenario. No sé si bueno o malo. Es a lo que nos condujeron. Pero la Argentina va a salir. –¿Con qué dirigentes? –Los edificios nuevos también se hacen con ladrillos viejos. Hay que ir permitiendo una enorme transición donde muchos liderazgos se van a poner en juego a nivel social. De hecho los candidatos más claros de lo anterior ya no están. Se cayeron todos. Van a ir surgiendo figuras con el tiempo. Muchos de los viejos van a estar juzgados. –¿Y hasta tanto surjan esas nuevas figuras? Porque hay urgencias... –Usted me está transmitiendo una ansiedad por una solución mágica que no existe. Quizás el salto cualitativo en esta sociedad es tener la templanza para poder ordenar algo que va a ser caótico. De hecho, esas personas están. Posiblemente hoy no sepan que van a tener que asumir lugares de liderazgo mayor a los que tienen. Hay por primera vez en muchos años un estado de conciencia colectiva que va a generar en mucha gente la disposición para actuar. –La gente creyó en la Alianza. ¿Por qué en este momento debería creer? –Es que si no, deciden no vivir. Los que deciden vivir, deciden creer. Y se cree luchando a lo largo de un camino que sabe que es escarpado. No hay salidas mágicas. La desesperación de la emergencia permanente nos ha hecho perder la república, el pan, el trabajo. Y algo que se marca mucho en el carácter argentino es fugar para adelante. –¿Cómo es eso? –Fugar fue Malvinas, fugar fue la convertibilidad, fugar es Cavallo el año pasado. ¡Tenemos que dejar de fugar! No hay otra. Vamos a ser definitivamente mucho más pobres de lo que éramos; tratemos por lo menos de que no seamos pobres e indignos. Seamos dignos. –¿Usted cree que esta sociedad tiene vocación de renacer en estas condiciones? –Las sociedades no se suicidan. Las sociedades desean vivir. El problema es cómo. ¿Deseamos vivir en la mentira o queremos vivir en la verdad? Vivir en la mentira es más fácil en el inicio y más trágico en el final. Vivir en la verdad es más difícil en el inicio y siempre hay fruto. –Usted está hablando de un escenario que requiere tiempo. Y, precisamente, el tiempo no sobra. –No. ¿Por qué? Cuando se muere alguien en una casa, la persona que vos más querés, las decisiones las tenés que tomar en veinticuatro horas. Tenés que asumir que se murió, tenés que salir a buscar un trabajo, tenés que asumir que no lo vas a ver nunca más... y eso lo tenés que hacer en una semana. –Y llevado esto a la situación del país... –La emergencia que vamos a tener es traumática porque estamos ante el orden de lo que hasta hace dos años era evitable y ahora es inevitable. –¿Un proceso en el que va a haber muertos? –Vamos a decidir con el dolor de los muertos. –¿Qué verdades hay que asumir para poder seguir? –Primero vamos a tener que asumir como una verdad objetiva la devastación de un país que fue rico. Y que dejó de serlo. Y que fue saqueado. Tenemos que admitir la devastación de un Estado que no presta ni va a prestar determinados servicios, por lo menos por un tiempo. La devastación de la trama social. Entramos de manera inevitable a un escenario de posguerra. –¿De quién es la responsabilidad? –Hay una responsabilidad enorme pero no excluyente de sectores económicos y políticos que se han entregado a la fiesta, que han saqueado el país. Pero también con algo de una legitimación desde la sociedad que ha permitido la fuga para adelante. Menem ha sido votado dos veces. Y Cavallo ha sido la persona más importante de este país durante dos décadas. Y ya sabíamos que venía para saquearnos e igual dejamos que volviera a saquearnos nuevamente. –Usted logró un enorme caudal de legitimidad y popularidad. ¿Por qué querría gobernar en estas condiciones? ¿No es un suicidio político? –Tengo claro que en la vida uno tiene que hacer lo que tiene que hacer. Si en ese camino me voltean, en todo caso me van a voltear fuerzas regresivas por hacer lo que se debe hacer. El esfuerzo absoluto, como decía Gandhi, es la victoria absoluta. Si cada vez que uno tiene que hacer un esfuerzo piensa que tiene asegurada la victoria, en consecuencia no juega nunca. –¿Qué va a hacer para que no la fagociten? –Yo creo en la fuerza protectora de la verdad. He sido muy castigada, pero cuando dijimos cómo se estaban robando el país, no pudieron. Me atacó todo el establishment, pero cuando llegó diciembre la gente dijo: "La que tenía razón y la que dijo la verdad en la soledad y en la persecución era ella". La verdad protege. Podés morir por esa verdad, en todo caso. Te protege Dios y como creo que hay cielo (risas)... –El establishment financiero dice que si usted asume la voltean en noventa días... – Sí, eso es lo que dicen. –¿Qué contesta? –Que el poder del pueblo se les escapa. De hecho, ellos ya no pueden contar con el poder del pueblo. Y si me voltean a mí, ¿qué? Si un pueblo decide seguir en la dignidad va a elegir a otro que mantenga el mismo camino. ¿Después lo van a voltear a Zamora? ¿Cuántas veces van a voltear? Hay un momento en que si una sociedad decide ir por la verdad y la justicia, no importa a quién volteen. Ellos están hablando de un poder que ya no tienen. Pero en todo caso observen la demolición. No me quieren voltear a mí: quieren voltear al pueblo. –Su otro gran enemigo parece Estados Unidos, que no quiere otro Chávez. –Claro, pero que yo no soy Chávez. Posiblemente si yo me retirara vendría Chávez... (sonríe). Lo que no se bancan es que soy republicana en serio. Vos para ellos tenés que ser republicana, tenés que creer en la verdad y la justicia pero, en el patio trasero que es América latina, no tenés que creer ni en la igualdad, ni en la justicia, ni en la república. ¡Yo lo lamento! Quiero que mi pueblo viva en los estándares de verdad y justicia en los que viven ellos. Creen que somos menos que hombres. Y yo les digo que somos hombres. –¿De dónde cree que surge esta campaña de generar miedo a través de su figura? –Yo rompí con dos reglas. Uno puede ser en este país de izquierda o de derecha, pero tiene que pedirle financiamiento al Estado. Y nosotros no lo hicimos. Y, además, soy candidata a presidente y no ando en almuerzos de empresarios ni buscando reuniones, ni haciendo viajes de marketing político a Estados Unidos. Yo no hablo con nadie. Y eso los pone muy, muy nerviosos. Piensan: "Si ella pretende ser presidente tiene que venir al pie. A hablar con nosotros que somos los dueños de la Argentina". Y yo digo que los dueños de la Argentina somos todos. Voy a la Villa Itatí pero no voy a una embajada. –¿Por qué? –Porque creo que muchos de mis acusados están entrando ahí a las fiestas con trajes Armani. A mí no me van a sorprender con todas esas cosas con las que compran a los políticos. No me van a tentar con ese "ustedes pueden pertenecer". –¿Se le acercaron? –No saben cómo abordarme. Y además me he construido esa fama fantástica en el sentido de que puedo denunciar a cualquiera que se me acerque y me diga algo que no me gusta. Es imposible tener una conversación secreta conmigo. Imposible. Nadie puede dudar de mi vocación institucionalista. ¿Cuál es el miedo? ¿Alguna vez dije que voy a colectivizar los medios de producción? Lo que pasa es que quieren un capitalismo en joda. ¡Y eso se les terminó! –¿Qué la diferencia de Carlos Reutemann? Hasta ahora son los dos candidatos más firmes a la presidencia. –Mmm... él dice que es conservador y yo de centroizquierda, eso está claro. El puede ser buena persona pero nunca ha hecho nada por cambiar las cosas. Ni en Santa Fe ni aquí. En ese sentido es muy parecido a De la Rúa (sonríe). No basta ser una persona, hay que poder liderar un proceso donde los comportamientos cambian. Y en él hay cosas no claras, como su relación con Carlos Menem. –Como lo califica, Reutemann sería más de lo mismo. –Bueno... es obvio. Es lo mejor de lo mismo (risas). –¿El radicalismo está terminado? –Como fuente histórica no. Como partido, sí. El partido no estuvo a la altura de la historia y se lo llevó la crisis. –¿Alfonsín? –Una trágica sombra de lo que fue. Pero no quiero hablar porque... amo profundamente al radicalismo que va a reconstruirse. –¿Va a poder con lo que se viene? –(Risas) Es la vieja historia de mi vida. Mi madre me decía: "No vas a poder". Mis maridos me decían: "No vas a poder". Mis compañeros de bancada me decían: "No va a poder". Y todos apostaban al "se cae". Porque las mujeres deben caerse en este país. –¿Quiénes le dicen hoy que no va a poder? –Los progresistas que se quebraron y los de la derecha que gobernaron
* Publicada en la "Revista XXIII" (Número 198; Año 4) |
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