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Casa de la Militancia Abasto/Once |
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Militancia en el Barrio | Encuentros en Casa Nazaret
Encuentros Anteriores | Último Encuentro Cerrar filas ante el avance imperialista El panorama nacional tiene como marco la crisis capitalista en los principales centros del poder mundial. En Estados Unidos se pone en evidencia la corrupción sin límites de las grandes multinacionales y en Europa se arroja toda fachada democrática con la promoción de leyes racistas y xenofóbicas hacia los inmigrantes. Mientras, en Argentina, está en juego nada menos que la transformación del país en colonia de Estados Unidos, la desintegración social e incluso la fragmentación de nuestro territorio. Ante este desafío crucial, se requiere poner de pie a una fuerza de millones acorde a la magnitud del agravio. Se trata de dar pasos firmes que convoquen a la mayor unidad del campo popular. Las políticas intervencionistas y antidemocráticas, de los Estados Unidos en Colombia, Venezuela, Brasil, Bolivia y Cuba son ejemplos actuales de su prepotencia en América Latina. Tras su fracaso en derrocar a la Venezuela bolivariana, ha renovado la embestida para convertir a Argentina en cabeza de playa que le permita imponer el ALCA y el Plan Colombia. La secuencia de sucesivos desembarcos de funcionarios norteamericanos, en nuestro país muestra la dimensión de la jugada en curso. Otto Reich, subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, fue pieza clave en la política mercenaria para desatar la contrarrevolución en Nicaragua y análogo papel cumplió en la reciente conspiración en Venezuela. La reciente visita de una comisión de "expertos" y en estos momentos el aterrizaje del Secretario del Tesoro Paul O´ Neill; denuncian hasta qué punto Estados Unidos interviene no sólo en la fijación de la política interna del país, sino en los movimientos cotidianos y en el manejo del espionaje y el aparato represivo del Estado. Tras varias décadas de sumisión a los dictados de Washington y el FMI, el saldo muestra que la deuda externa ha sido la principal herramienta política de la dominación imperialista. Y la consecuencia de este sometimiento se mide en la enajenación de las empresas públicas, los recursos naturales, el avasallamiento de los derechos laborales y con más del cuarenta por ciento de los trabajadores de nuestro país desocupados y subocupados, mientras padecen pobreza extrema más de quince millones de personas. Estas políticas de tierra arrasada hacia nuestro pueblo no serían posibles sin complicidades como la del gobierno de Duhalde, las bancadas mayoritarias del Congreso, la sumisión del Poder Judicial y partidos políticos, con sus correspondientes dirigentes, asumiendo el papel de gerentes de la entrega nacional. Luego de la brutalidad policial del miércoles 26 de junio y del asesinato de los dos compañeros de la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, lejos de desactivarse la represión y la persecución a militantes del campo popular, ésta continuó, aunque adquiriendo la forma solapada del accionar de Grupos de Tarea, que aprietan y persiguen a los luchadores populares. Cuando la crisis se agudiza el Estado y sus instituciones responden con su expresión más descarnada: la escalada represiva; vulnerando las libertades civiles y democráticas que han sido una conquista de la clase trabajadora y las grandes masas de la población. Por su parte los medios de (des)información actúan como correa de transmisión de los intereses del gran capital local e imperialista. Las campañas mediáticas de manipulación que promueven y apuntan a sembrar el temor, la desmovilización para impedir la unidad de las grandes mayorías de la población: contraponer pobres contra pobres, ocupados con desempleados, sectores medios con piqueteros. Las marchas del 27 de junio, 3 y 9 de julio mostraron sin embargo que en las masas populares hay reserva para resisitir y avanzar hacia la unidad del campo popular. Por ello, está abierta la oportunidad histórica para que la inmensa mayoría de nuestro pueblo tome la palabra y decida qué país quiere y, en el comienzo que ya marcó el 19 y 20 de diciembre, se organice para alcanzar esa esperanza. La unidad que se expresa hoy en esta movilización, significa no solamente el rechazo a la presencia cínica y prepotente del imperialismo yanqui en nuestro país, sino también nuestro compromiso de avanzar en el mismo hacia la Independencia Nacional definitiva, la Democracia y la Justicia Social. Con esta marcha reafirmamos la unidad del campo popular y venimos a expresar nuestro repudio al imperialismo. Por ello manifestamos:
A los lacayos locales del imperialismo les gritamos:
También repudiamos la injerencia de los Estados Unidos en las elecciones bolivianas. Parémosles la mano, defendamos los intereses del Pueblo y exijamos:
Vivan. Vivan las luchas del Pueblo por Trabajo, Salud, Educación y Vivienda para todos. |
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