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Casa de la Militancia Abasto/Once

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"Confianza en la Democracia, rebeldía contra la injusticia, sueño de Solidaridad, continuamos en la Lucha"

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Documentos y Escritos

Aportes para la construcción de un espacio igualitario desde una perspectiva de género

En medio de una gravísima crisis económica, pero fundamentalmente de valores e institucional, discutir sobre igualdad de oportunidades, inclusión social, redefinición de roles, cambio de paradigmas y Justicia, es central para pensar en una nueva Nación.

Es así que Casa de la Militancia - ARI desea plasmar en estas hojas algunas reflexiones y datos reales que pueden ayudar a construir un espacio de Igualdad y Justicia a través de una perspectiva de Género.

Dicha perspectiva propone pensar y repensar no sólo el papel y lugar social que posee la mujer; sino todos los seres humanos en tanto personas sexuadas.

Basados en una de las tantas significaciones que se le ha dado al término en cuestión, entendemos como sistema de género/sexo a todas aquellas prácticas, símbolos, representaciones y valores que colectivamente se elaboran a partir de la diferencia sexual anátomo-fisiológica y que dan sentido a la satisfacción de los impulsos sexuales, a la reproducción de la especie humana y en general al relacionamiento entre las personas. Una perspectiva de género entendida de esta manera busca ahondar sobre las tramas de relaciones sociales que determinan relaciones de los seres humanos en tanto personas sexuadas. Y deja abierta la posibilidad de distinguir formas diversas de relacionamiento y construcción de identidad en períodos históricos diferentes. Como utopía, permite pensar la liberación de las mujeres desde otras maneras distintas de organización social. Pero sobre todo, requiere dar espacio a la búsqueda de sentido del comportamiento de varones y mujeres como seres socialmente sexuados. (Teresita de Barbieri, xxxx).

Cuando surgieron los movimientos feministas en los sesenta, no había una teoría explícita que mostrara la génesis y desarrollo de la dominación y predominio de los varones sobre las mujeres desde tiempos inmemorables.

Por eso, el reto de estos movimientos fue inmenso: se trataba de rechazar todas las herencias culturales, las formas de pensar, los instrumentos para observar, las ideas y los

valores en los que nos había formado como profesionales, ciudadanos, políticos. Existía una propuesta de construir una teoría revolucionaria capaz de quebrar el orden existente desde nuestras experiencias cotidianas. Ya que la relación de subordinación no era exclusiva de la esfera pública, sino que se trataba de un poder del varón en múltiples frentes.

Para contrarrestar la visión totalizadora del patriarcado (que se había extendido en el discurso político y en la universidad), el movimiento feminista se propuso generar conocimientos sobre las condiciones de vida de las mujeres: en el ámbito de la cultura, en la historia, en la vida cotidiana, etc. Así nacen los "estudios sobres la mujeres" que se multiplicaron en diferentes países del mundo.

Dentro de este movimiento se distinguieron dos posturas o visiones:

  1. Aquella que centra el objeto de estudio en las mujeres. Y todo lo producido por ellas.

  2. Aquella que privilegiará a la sociedad como generadora de subordinación de las mujeres.

En la búsqueda de construir una teoría realista e integral sobre la condición de las mujeres, surge y se expande el concepto de GÉNERO, como categoría que en lo social corresponde al sexo anatómico y fisiológico. Es el sexo socialmente constuído.

Nuestro centro de atención en la perspectiva de género está centrada en las relaciones de poder. En este sentido, sabemos que las mujeres poseen un poder especial que tiene que ver con la reproducción. Lo cual a nivel social implica un conflicto concreto: ¿quién o quiénes controla/n la capacidad reproductiva de las mujeres? ¿Cómo ejercer el control sin eliminarlas y destruirlas? Para ejercer un control efectivo sobre la reproducción, es necesario actuar sobre la sexualidad. Y esto implica entro otras cosas reglamentar el acceso al cuerpo femenino y al producto específico de las mujeres. También sabemos que en la sexualidad y en la reproducción se juegan muchas más tensiones colectivas que el placer individual y la reproducción. Y esto tiene que ver con valores; representaciones en torno al cuerpo; fecundación; sentimientos; normatividades; etc.

 

EL ROL SOCIAL DE LA MUJER.

En distintos tiempos y lugares, la composición del grupo familiar y el rol de hombre y la mujer son diferentes. También en este sentido, una variable importante es el contexto económico.

Desde tiempos inmemorables, en las sociedades occidentales, la mujer ha sido identificada a partir de su trabajo y responsabilidad en el ámbito doméstico. Este espacio pertenece al ámbito privado, e implica como principales tareas el cuidado y mantenimiento de los hijos -y del padre de los mismos- y el aseguramiento de la reproducción familiar.

Si bien estos conceptos han sido fuertemente cuestionados por los movimientos feministas, la fortaleza de su significado afecta aún hoy a los miembros involucrados.

Según un trabajo realizado en Santa Rosa (Prece, Di Liscia y Piñero:1996), en el imaginario social de mujeres pobres, el cuidado de la salud suele estar más vinculado a la salud de sus hijos que al de su propio cuerpo. Esto está íntimamente vinculado al rol social atribuído de madre-esposa antes que de persona. Para estas mujeres, el cuidado de la salud de los miembros de la familia, se convierte en una característica fundante de la condición femenina. Tanto la salud como la enfermedad caen bajo la supervisión y atención de las mujeres.

Así mismo, se ha notado que el concepto de salud, refiere casi exclusivamente al cuidado del cuerpo como unidad biológica y no como un espacio individual de identificación y relación emocional.

En este estudio, también surgió del discurso de las entrevistadas la sensación de incompatibilidad respecto a su rol de madres-esposas y al de trabajadoras. Su total responsabilidad sobre la salud de los hijos, la lleva a padecer un sentimiento de culpa que se transforma en legitimadora de mecanismos de poder mediante los cuáles se perpetúan desigualdades de género.

La rigidez cultural que otorga a la mujer la responsabilidad de cumplir con la satisfacción de necesidades emocionales y al varón con la de las necesidades materiales, imposibilita la cooperación entre ambos, y deja espacio para actos violentos en una comunicación viciada por el cansancio y el sentimiento de derrota al no poder cumplir con esas funciones establecidas socialmente.

 

EDUCACIÓN/PREVENCIÓN.

La educación en general, y la escuela en particular, son los mecanismos e instrumentos por excelencia de reproducción de valores, creencias, normas y roles socialmente construídos y aceptados.

Es a través de las instituciones educativas que las personas reafirman sus costumbre, adoptan nuevos patrones de conducta y nuevos valores necesarios para la adecuada inserción social. Es también en este espacio donde se construyen nuevos vínculos, muchos de los cuales determinarán nuestro futuro.

La educación para la salud; la transmisión de valores respecto a la sexualidad y la dignidad humana son construcciones cruciales que pueden asentarse o bien transformarse en el proceso educativo.

Nuestra propuesta implica un compromiso por la resignificación de valores y conductas hasta ahora legitimadores de condiciones desiguales de existencia; reconocimiento e identificación.

También es necesario en sociedades plurales desde el punto de vista racial, construir el contexto étnico-cultural, bajo el supuesto de que los géneros se construyen de manera distinta en cada uno de ellos. Pero también porque el relacionamiento entre personas de razas distintas redefine las relaciones entre los géneros.

Por este motivo, la prevención y la educación para la salud y la sexualidad, deben estar enfocados en los contextos sociales, culturales, económicos y políticos en los cuales la actividad sexual está modelada y constituída y a partir de los cuales interpretamos estas experiencias.

En este sentido, proponemos una perspectiva de análisis y comunicación "desde adentro"; es decir, próxima a la experiencia comunitaria y acorde al lenguaje de los miembros de una cultura o sub cultura determinada (en este sentido incluimos a comunidades homosexuales; trabajadoras/es del sexo; etc.).

 

TRABAJO.

Es necesario analizar la división social del trabajo según los géneros y su dinámica, pero como consecuencia del conflicto de poder pero no como clave desde donde se origina la subordinación-dominación de género.

Considerando los sistemas de género como sistemas de poder, es necesario dirigir la mirada a las representaciones sobre los ámbitos de su ejercicio en un momento histórico dado: en el Estado; en el sistema político; en la cultura; en el trabajo.

En éste último caso, es menester tener en cuenta la "doble jornada" a la que son expuestas la mayor parte de las mujeres que, además de tener la responsabilidad del cuidado del hogar -con todos los trabajos que ello implica-; ocupan parte de su vida diaria al trabajo "externo"; remunerado; considerado productivo.

En este sentido, creemos que es sesgado e injusto considerar el ámbito doméstico en la sala de la vida privada, y separarlo de el trabajo externo; remunerado ubicado en la esfera pública.

Nuestra propuesta no sólo abarca un deseo de transformación de los valores y creencias que determinan el posicionamiento de la mujer y el hombre en la vida social; sino que implica un compromiso público por asegurar desde ámbitos legislativos y ejecutivos el reconocimiento del trabajo doméstico, como trabajo productivo. Trabajo socialmente reconocido; y por ende objeto de políticas públicas.

Este reconocimiento no sólo implica inclusión e igualdad para hombres y mujeres que se dedican a la alimentación; cuidado de la salud; educación; producción de alimentos y reproducción de recursos humanos entre otras cosas; sino que implica un compromiso consciente de la realidad social, a tener en cuenta a la hora de fundamentar políticas de empleo; de salud; de educación; de reproducción.

La gran recesión por la que atraviesa nuestro país ha desmejorado las condiciones de vida y de trabajo de toda la población, y ha reducido las posibilidades de inserción laboral en cualquiera de sus ramas formales. En este contexto, las mujeres de hogares pobres ó en empobrecimiento, han tenido especial repercusión. Por que si bien son las primeras que han encontrado alternativas de producción y reproducción dentro y fuera de la familia; su trabajo sigue siendo en muchos casos no reconocido; mal remunerado y descuidado por los gobiernos.

La desinversión del Estado en materia de desarrollo social, ha sido suplido un "ajuste invisible" conducido por mujeres que han desarrollado nuevas estrategias familiares de vida. Estrategias que sin lugar a dudas afectan principalmente a los menos protegidos en el hogar: mujeres y niños.

En la búsqueda de nuevas formas de supervivencia, surge la organización de trabajos comunitarios; microemprendimientos; ferias de trueque; trabajo solidario; comedores populares. Los cuales cada día se hacen más visibles en nuestro país. Y que hasta el momento son poco atendidos por los municipios; las provincias; el Estado Nacional.

Estas estrategias están fuertemente vinculadas al trabajo informal. El cual a nuestro entender es producto y consecuencia de las deficiencias del mercado formal y de la no articulación del crecimiento económico con el bienestar social. Ya hacia fines de los `80, el trabajo no formal representaba en toda Latinoamérica -según datos aportados por el BID- el 56 por ciento del empleo total.

Volumen significativo de empleo informal que no se traduce en cifras similares de ingresos. Dentro de este sector, el trabajo doméstico es el más importante. Seguido de otros servicios desarrollados también por mujeres -ciertas ramas de manufactura, confección, producción de alimentos-; algunos de los cuales son subcontrataciones derivadas del empleo formal; y otros que se vinculan directamente con la autogeneración de trabajo.

En este sentido, el sector informal ofrece a la mujer -lamentablemente- la posibilidad de generar un ingreso sin suspender sus actividades domésticas y sin desatender el cuidado de los hijos. Además permite resolver necesidades urgentes; y significa tanto para el empleado como para el empleador una suerte de "contrato conveniente" porque permite emplear a más personas con menos costos fijos.

Estas condiciones reales nos invitan a compartir una conclusión planteada en 1989 por Elson: si bien las políticas económicas son neutras y no tienen en sí mismas la intención de discriminar a las mujeres, en la práctica la neutralidad resulta relativa.

Sabemos que en las últimas dos décadas, la jefatura femenina en el hogar ha ido aumentando en todos los países latinoamericanos y en todos los sectores de la sociedad. Este fenómeno puede ser resultado de cambios de valores; mayores posibilidades para algunas mujeres a desarrollarse en nuevos ámbitos de trabajo -generalmente profesionales-; pero también es resultado de mayor probreza; mayores necesidades.

En éste último caso, las limitaciones de tiempo y movilidad para el sexo femenino son más notorias. Y estas limitaciones se extienden a las posibilidades de los niños, que de golpe se encuentran sin la figura social que antes les aseguraba la alimentación; la educación; el cuidado de la salud; etc.

Al no haber una conciencia clara de que no es la mujer la que naturalmente debe atender estos cuidados; muchas veces los niños se ven afectados, cuando los roles dentro del hogar se subvierten sin la consecuente redefinición de las obligaciones tradicionalmente asignadas a cada sexo.

El trabajo artesanal o agrícola, sobre todo el que tiene que ver con la producción de alimentos, es comparable hoy día al trabajo campesino, en la producción rural de alimentos.

En este momento, la mujer participa activamente en la producción, a pesar de que se insista en mantener este trabajo en la esfera de lo privado y consecuentemente no productivo.

Si consideramos que en el ámbito rural, todavía el trabajo asalariado es ocupado en su mayoría por varones; podemos suponer que la explotación del minifundio está casi exclusivamente a cargo de la mujer.

Lo que aún no se ha logrado es que existan en nuestro país políticas de incentivos para este sector.

 

LOS JÓVENES.

La etapa de la niñez y adolescencia es clave en la constitución de la identidad de género. Por eso asegurar una vida digna; con educación igualitaria, sin discriminación, inclusiva y afectiva, es fundamental para trascender los ideales de justicia e igualdad.

Respecto a la situación de los jóvenes en relación al grupo familiar, es importante destacar que junto a las mujeres, es el sector social que más importancia poseen al considerar estrategias alternativas para la manutención del hogar. Mujeres y adolescentes, se han convertido e una fuente importante de recursos productivos lo cual nos obliga a tener en cuenta estos datos al momento de plasmar políticas de desarrollo y elaborar leyes de empleo.

 

VALORIZACIÒN DEL CUERPO/SALUD Y ENFERMEDAD.

La mirada que mujeres pobres y la sociedad tienen sobre el cuerpo femenino implica una percepción terciarizada: es decir, considera el cuerpo de la mujer como un cuerpo "de otros". El "hacer" cotidiano permanente no habilita a estas mujeres a una mirada externa e interna del propio cuerpo; lo cual las imposibilita de enfermarse y abandonar por unos instantes el mundo cotidiano.

La construcción de la identidad femenina se centra en la maternidad. La definición de lo femenino está relacionado con cuidar y servir a los demás.

Así mismo, la imposibilidad de estas mujeres de separar la sexualidad de la reproducción impide un cuidado preventivo o una planificación futura de sus deseos y necesidades.

El menoscabo de las condiciones de vida en general, junto a la aceptación incondicional de empleos precarios, contribuyeron a un mayor deterioro de la salud familiar.

En el caso de mujeres pobres, la mayor parte de los empleos implica un uso intensivo del cuerpo, lo cual las lleva a desatender su cuidado.

 

Ley de Salud Reproductiva

Consideramos de suma importancia hacer referencia a la ley de Salud Reproductiva dado el carácter fundamental de las disposiciones que contiene en cuanto al ejercicio e información sobre derechos reproductivos.

Esta ley tiene como objetivo que cada persona tenga plena libertad en la elección de la maternidad/ paternidad y en la planificación familiar.

La ley establece varios modos de poder llegar al conocimiento, no sólo de los métodos anticonceptivos, sino también de prevención de enfermedades tales como el SIDA.

Esto nos parece crucial dado que con la información necesaria muchas problemáticas sociales podrían evitarse. No es ajeno a nuestro conocimiento que la mayoría de los casos de enfermedades transmisibles por vía sexual se producen por la falta de información y, en otros tantos, por falta de la debida precaución, consecuencia de la falta de medios para una adecuada prevención. A este respecto, no basta solo con la información y educación, sino que es menester que el acceso a ella lo sea de manera igualitaria, es decir, accesible a todos, y por ello es importante su acceso gratuito.

Los derechos reproductivos son derechos que tiene todo ser humano, sin distinción alguna, sobre el ejercicio pleno, libre y responsable de su sexualidad.

Estos derechos no hacen sólo a la libre elección por parte de las personas de tener hijos y de cuándo tenerlos, sino que también y, fundamentalmente, debe tenerse en cuenta las necesidades de los hijos que tengan o tendrán y de las responsabilidades que han de tenerse para con ellos.

 

Igualdad de oportunidades

En la reforma constitucional de 1994 se incorporó en el capítulo "Nuevos Derechos y Garantías" el reconocimiento expreso de los derechos políticos, garantizando la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres a través de acciones positivas en la regulación de los partidos políticos y en el régimen electoral (art. 37 CN).

Estas acciones positivas deben fomentar en la sociedad la toma de conciencia acerca de los derechos políticos de la mujer, de sus responsabilidades y de la necesidad de su participación activa en los procesos democráticos.

 

QUÉ PROPONEMOS.

Sobre lo expuesto hemos de arrojar propuestas que nos permitirán construir realmente una alternativa igualitaria, algunas de las mismas estarán en concordancia con las de las compañeras de la CTA (elaboradas en su Encuentro Nacional):

  • Impulsar una ley integral de salud que contemple la salud reproductiva en el marco de los Derechos Humanos del Hombre.

  • En relación a el punto anterior, apoyamos una ley que considere el aborto como posibilidad real y formal para todas las mujeres del país.

  • Ampliar y mejorar la difusión de todo tipo de información que aporte a la educación y prevención de la salud y el cuidado del cuerpo y psiquis de las personas.

  • Presionar sobre el Estado Nacional para que incluya en el gasto social mayor presupuesto para la asistencia social y sanitaria y para campañas de prevención en los hospitales públicos.

  • Trabajar y organizar encuentros y trabajos en red para concientizar y trabajar desde una perspectiva de género.

 

Cecilia María Cejas

Militante de "Casa de la Militancia" - ARI

Sección Novena

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.

  • División del trabajo en familias de dos proveedores. Relato desde ambos géneros y dos generaciones. Catalina Wainerman, Buenos Aires, 1998.

  • Encuentro Nacional de Mujeres de la CTA. Secretaría de Equidad de Género e Igualdad de Oportunidades. Buenos Aires, 8 y 9 de marzo de 2002.

  • Mujeres populares. El mandato de cuidar y curar. Graciela Prece; M. Herminia di Liscia y Laura Piñero. Edit. Biblos, Argentina, 1996.

  • Progreso económico y social en América Latina. Informe 1990. Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, octubre 1990.

  • Trabajo, familia y condición femenina: una revisión de las principales perspectivas de análisis. Orlandina de Oliveira y Mariana Ariz, Colegio de México, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1999.