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Casa de la Militancia Abasto/Once |
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Documentos y Escritos | Discursos y Notas Discurso de Lilita en el Primer Congreso Nacional del ARI (La Emilia, San Nicolás, noviembre 2001) Es un gusto estar sentada al lado de un Senador como Alfredo Bravo, que además ha saludado a todas las maestras de CTERA. En primer lugar quiero agradecerles la presencia y decirles por qué nos encontramos y por qué queremos encontrarnos. Primero para festejar porque ya nacimos: peronistas, radicales, socialistas, independientes, gente del PI, de la Democracia Cristiana, gente de tanta militancia de origen social y político distinto. Claro que nos pedían mucho más, pero pelear por los principios no es fácil y para tener muchos más votos eran necesarios muchos más medios, y tener más medios implicaba renunciar a los principios. Preferimos esto, sabiendo que cada uno de esos votos no fue comprado con el dinero de ningún empresario o financista de la Argentina. La segunda, ¿por qué estamos juntos? Aparte de festejar este nacimiento, porque pudimos hacerlo desde la soledad y la pobreza franciscana. Porque queremos estar todos juntos discutiendo la Matriz que le vamos a proponer al país. Nosotros no venimos a discutir acá, y yo le pido a cada uno la generosidad que sus convicciones, sus principios y sus conciencias le exigen en esta hora tan dramática para el país, que no vengamos a discutir las pequeñas diferencias que nos desunen y las miserias personales que a veces nos atan al pasado. Venimos a discutir cómo construimos el futuro. Por eso le pido a cada uno de los militantes, de cada uno de los lugares de este país, que esta discusión de base sea por la nueva Matriz de la Argentina que nace, y no por las viejas prácticas que todavía nos desunen. Eso será lo que le vamos a mostrar al país: o le mostramos las viejas prácticas o le mostramos los nuevos principios. Si le mostramos las viejas prácticas morimos al nacer. Si le mostramos los nuevos principios empezamos a caminar recién nacidos. Esto debe salir del corazón de cada uno de nosotros. Venimos a discutir el Movimiento. Somos un movimiento, más allá de las organizaciones particulares que después tengamos cada uno y que son absolutamente respetables, pero venimos a discutir un movimiento que nos permita abrir aún más esto. La gran misión de los que estamos es seguir abriendo el juego y no cerrarlo apenas nacimos. La gran misión de cada uno es juntar al compañero y seguir juntando sobre la base de algunos principios, que sí son irrenunciables. No se junta de cualquier manera, porque cuando se junta de cualquier manera también viene el amontonamiento. Hemos logrado cosas muy importantes. Miren de dónde parte esto. Todos venimos de traiciones: el que es independiente y no ha militado en política, viene de la traición a su voto; el que ha militado amando profundamente –ese amor que nunca se debe perder- a cada una de nuestras historias, venimos de traiciones. Venimos de ver a nuestros compañeros, venimos de ver a nuestros gobernantes. Venimos de ver a todo ese quiebre de muchos. Venimos de ese dolor. Es importante nacer con dolor, porque si uno se acostumbra a la felicidad y después viene el éxito y ahí nos perdemos todo. Pero cada uno viene trayendo esto. Hoy más que nunca está justificada nuestra existencia: lo que pasó el martes, más allá de este señor que han liberado y su esposa maravillosa, puso el punto donde está. Cada uno de un ochenta por ciento de los argentinos, sintió como que estaba suspendido en el aire y que todo lo que estaba abajo se desmoronaba. Yo lo sentí al lado mío, con los chicos que habían trabajado en la Comisión de Lavado, con la "hormiguita" que juntaba pruebas por todo el mundo. Era como que frente a la lucha de muchos nos decían: señores, contra el poder no se puede, al poder no se lo juzga. No podemos. Y sin embargo, miren qué momento maravilloso para la militancia, quizás es la prueba mayor de la militancia de los principios, cuando todo se cae abajo lo único que sostiene a los hombres son las convicciones. Y ahí uno entiende que en realidad, lo que nos dio la vida es la posibilidad de pelear, no nos dio ni la derrota ni la victoria. No nos dio el éxito ni el fracaso. Nos dio la vocación humana, espectacular, de militar en las peores condiciones, por los mejores sueños y aunque todo se caiga abajo. Y esa es siempre la posibilidad de la victoria. Yo nunca tuve mayor convicción de que esta batalla la ganábamos, inexorablemente, el día martes. Pero también supe que nosotros teníamos que lograra con testimonios personales dentro de nuestro propio Movimiento empezar a cambiar la identidad de un pueblo que no siempre acompaña con la perseverancia en todas las batallas. En cada uno de nosotros, cada uno de los militantes, pero también cada uno como sociedad, no de los que perdieron todo, sino de aquellos a los que la vida les dio muchas cosas, tenemos que saber que sin perseverancia no se ganan las batallas. La lucha por la Libertad, la lucha por la Justicia y la lucha por la parición de un nuevo país no es una batalla para débiles, no es una batalla para banales, no es una batalla para estar mirando la imagen de todos los días a ver si sube o baja. Es sólo y simplemente una batalla diaria por las convicciones en cualquier condición y éste es el Movimiento del ARI. Nosotros no vamos a hacer críticas a la corrupción de fulano o de mengano, no es fulano o mengano. Es un Régimen el que es corrupto. Es un Régimen que coopta y ha tomado todas las instituciones de la República. No basta con que alguien esté preso. Es necesario cambiar un Régimen que devuelva las instituciones democráticas a los hombres y mujeres de este país, y las ponga al servicio del Pueblo. Y esto no es fácil. Este es el primer punto que queremos empezar a discutir a la tarde, todos sabemos el diagnóstico, por lo menos los que estamos acá y creo que en la intuición colectiva también, qué es lo que nos ha pasado. Y, creo, que todos sabemos cuál es la medida de nuestra borrachera en las distintas instancias. Es decir, en qué medida nos compramos el voto cuota, en qué medida nos compramos el microondas, en qué medida no quisimos ver, en qué medida quisimos saltar para adelante. Cada uno esto lo sabe. Pero hoy debemos discutir entre todos qué Matriz de nuevo país queremos los militantes del ARI para ofrecerle a las argentinas y a los argentinos. Este es nuestro deber. Y no discutir sobre la base de una cosa armada, si no decir vamos a discutir cuatro o cinco matrices, vamos a discutir cuatro o cinco principios y vamos a ver cómo discutimos concretamente cada una de las cosas, no desde organismos técnicos, no desde un grupo de iluminados, sino desde las bases sociales de este país. Tenemos que poder discutir la Educación con todos, con los maestros, con los padres, con los ciudadanos, con los filósofos, con los políticos. Nadie tiene un saber superior al otro, todos tenemos saberes distintos. Y de esos saberes distintos democráticamente expresados tiene que venir nuestra propuesta en Educación, en Salud, en Economías Regionales. Muchos pensaron por nosotros muchos años y miren dónde estamos. En general pensaron por ellos. No se preocupen cuando nos dicen que no tenemos propuestas. Las propuestas tienen que salir de la base, y en segundo lugar la discusión debe ser de la periferia al centro, y no del centro a la periferia. En este Movimiento debe valer la opinión de todos. Valiendo incluso más la de aquellos compañeros militantes que viven en los lugares de extrema pobreza, donde se ve quién padece el hambre realmente. Tenemos que poder cambiar la historia de la discusión política en este país. Tenemos que poder juntarnos entre todos. El otro punto que tenemos que discutir es: hoy el país requiere de nosotros. Tenemos que discutir qué quiere de nosotros, no sólo ese millón doscientos cincuenta mil argentinos que nos votaron, si no por qué no fuimos más. Qué nos está pidiendo. Y creo que nos está pidiendo que estemos con ellos, que estemos en la calle, que estemos construyendo –no poder interno- sino poder social. Esto tenemos que someterlo a discusión: si lo que va a ser nuestro horizonte es discutir poder social hacia fuera, y fuerza militante hacia fuera que contenga y lleve a la ciudadanía a la construcción de una nueva Nación, de una nueva fundación republicana o si vamos a quedarnos enganchados en la vieja historia de quién tiene más representatividad interna. Yo quisiera que cada uno pudiera discutir esto diciendo: las legitimidades se ganan en la calle y no en los comités, en las unidades básicas o en los locales del ARI. El cuarto punto que tenemos que discutir es esta cuestión de que somos o testimoniales o denunciantes. Es decir, cuáles son los dos verbos, cuáles son las dos acciones que tenemos que definir como parte del Movimiento. Ocurre que si uno no resiste y no combate, en realidad la salida para el proyecto, no es discutir en el escenario cínico de los que hicieron propuestas y campaña en contra de Cavallo hasta el día después de las elecciones y hoy apoyan de nuevo a Cavallo en el Parlamento, es una mentira. No se sale sin memoria. No se sale sin demoler lo más perverso del Régimen que construyó el genocidio social de los noventa. Por eso hay dos verbos que debemos analizar: resistir y construir. Sin que ninguno de los dos tenga prevalencia sobre el otro. En la resistencia, en la lucha por la demolición y en la construcción paralela por un nuevo país, en estos dos verbos tenemos que discutir. Cómo resistimos y cómo construimos y cómo hacemos las dos cosas al mismo tiempo sin desfallecer. La otra cuestión es con quién construimos. Porque hoy en la Argentina todo el mundo convoca a todo el mundo, es una cosa maravillosa. Creo que ahí debemos establecer el mantener nuestras identidades históricas. El ARI debe ser un Movimiento donde cada uno respete y ame profundamente la identidad histórica del otro. No somos nacidos de un repollo, no somos una nueva fuerza política, somos, en todo caso, una fuerza política y social que viene desde la intransigencia en la reivindicación social de Eva, desde la intransigencia en la lucha por la República de Alem, que viene de la intransigencia en la lucha por la defensa de los principios de Palacios, que viene, no de los discursos del pasado, porque los discursos son maravillosos todos –sólo basta escuchar a Moreau. Hay que poder decir que lo que debemos ser es una acción, pero una acción donde se defina la ética de esa intransigencia. Y debemos discutir entre todos: ¿qué es ser intransigente? Porque algunos pueden creer que ser intransigente es pedirle certificado a cada uno que ingrese al ARI. Hay que ser intransigente en la acción compartida, pero no hay que usar la intransigencia para excluir a los mejores del ARI. De modo tal que hay que poder conciliar una enorme intransigencia en la acción, ese respeto histórico, y una enorme generosidad en la acumulación. Pero saber, que no podemos aceptar convocatorias a escenarios cínicos de gatopardismo naciente. Que si cada uno sintió el dolor y el duelo de irse de algún lado, no es para volver a juntarse con los que nos expulsaron moralmente, porque sólo somos progresistas. Si todos hubiéramos votado en forma progresista, quizás hubiera habido un gran acuerdo nacional para sacar la miseria de este país, y lo que hubo fue un pacto con Cavallo y con el Régimen. Y en esto tenemos que definirnos. Tenemos que definirnos con una enorme generosidad en la convocatoria y en el diálogo, pero guarda con meternos en el gatopardismo que nos lleva inevitablemente al pasado. Y en esto también tenemos que definir si sólo vamos a ser un mero proyecto de poder para acceder a los cargos o si tenemos que ser un proyecto de principios que busque el poder que es una cosa distinta. Porque definir esto es también definir que, a lo mejor, no lleguemos al poder nunca; y si nos importa o no nos importa. Es también poder definir que la lucha puede ser más corta o más larga, pero que no debemos dejar ningún principio en la marcha, sólo por llegar a una Presidencia. Esto se los digo de todo corazón, y les agradezco cuando hablan de mí, pero puedo ser yo o puede ser otro; si cambia el Régimen no importa quién sea Presidente, pero si no cambia, no vale la pena ser Presidente de este país. Pero todos tenemos que tener claro, que nuestra pelea puede ser más larga que lo esperado, todos tenemos que tener claro que todos van a apuntar contra nosotros o por fundamentalistas o por místicos o por sectarios. Porque en realidad lo mejor que les puede pasar a muchos es que el Régimen continúe, no importa quién gobierna si los negocios son compartidos. Creo que esto tenemos que definirlo para que surja una fuerza de resistencia que sea capaz de tomar el éxito sin desmesura, pero que también pueda tomar la derrota sin decepcionarse. Porque va a haber muchas derrotas y muchos éxitos en el camino, de esto tenemos que estar absolutamente concientes. A más de uno lo único que le puede importar es ser Diputado, pero de qué sirve ser Diputado si no podés cambiar la Historia. Tenemos que hablar, en quinto lugar, de la Matriz. Es decir, cómo pensamos y cómo le mostramos a la Argentina, una Argentina que se piense ella misma desde un lugar diferente. Es obvio que no la podemos pensar más desde ninguno de los lugares desde donde hoy se la piensa. Pensarnos desde distinto lugar, que ya nos empezamos a pensar al juntarnos y al deponer nuestras diferencias e incluso los privilegios que cada uno de nosotros podía tener en el seno de nuestros respectivos partidos, implica empezar a analizar cómo tenemos que comenzar a trabajar con el testimonio de una nueva identidad colectiva. Porque todo lo que nos ha pasado no es sólo por usurpación, si pudimos ser traicionados tantas veces es porque algo en nosotros mismos, en todos los argentinos permitió la desmemoria. Algo de nuestra propia identidad permitió la desmemoria, que el gobierno de José Alfredo Martínez de Hoz se reiterara en los noventa y que Cavallo sea aplaudido en marzo de este año, aunque hoy sea vilipendiado. Algo de nuestra propia identidad colectiva, como argentinos, debemos cambiar, y debemos cambiarla con el testimonio al otro. Esta cuestión vaga de que el pueblo nunca se equivoca. En realidad, todos nos equivocamos todos los días, por qué el pueblo no se va a equivocar. Qué quiero decir: lo que tenemos que analizar como pueblo son tres cosas, que me parece tendríamos que discutirlas y que me gustaría que salga de ña discusión de hoy: qué nos pasa con la Memoria, qué nos pasa con la Perseverancia y qué nos pasa con la Solidaridad. Ni tenemos memoria ni perseveramos en la lucha ni somos solidarios con el otro. Y sin Memoria no hay Justicia, porque no hay Verdad; y sin Solidaridad con el otro, sin duda, lo que prima es este individualismo cínico que tantas veces se expresa. Tenemos que poder discutir la nueva Matriz institucional. Todos creemos profundamente en la República y en la Democracia, pero tenemos que ver cómo liberamos las instituciones de la República de la cooptación oligárquica a la que está expuesta vía el bipartidismo, el financiamiento espúreo de la política, los sobornos. Hay que hacer una tarea de rescate de las instituciones democráticas. ¿Hoy la Corte expresa la República? ¿Hoy el Parlamento expresa la República? ¿Hoy De la Rúa expresa la República? En realidad expresan un Estado cooptado por los intereses particulares de los que se robaron el país. La cuestión es cómo liberamos instituciones cautivas, y liberar instituciones cautivas se liberan por la práctica y también se libera con la reforma. No hay que tener miedo: hay que empezar a decir las cosas que hay que hacer. Si hay que ir a un nuevo contrato social, si hay que ir a una nueva reforma constitucional que ponga en Comisión a los Jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y a muchos otros jueces, hay que hacerlo. Si hay enclaves corruptos hay que liberarlos. Porque el día que liberemos las instituciones cautivas, vamos a liberar a un pueblo cautivo de las instituciones. Hoy tenemos un pueblo cautivo de aquellos acuerdos, de aquellos pactos y el aire se está haciendo irrespirable. Pero tenemos que empezar a decir concretamente a qué contrato vamos, a qué comportamiento vamos y a qué liberación, que es para más República y para más instituciones, pero cómo vamos. Y si hay que ser duros, habrá que serlos. Se terminó ese reformismo en el que yo misma creía, de que los hombres se autopurifican. Los hombres son como los maridos, no cambian. Tenemos que poder discutir la Matriz Federal. Acá somos muchos los provincianos. La cuestión Federal hay que resolverla no alabando solamente a las provincias, hay que poder entender, y lo sabemos muy bien los provincianos, que los regímenes de corrupción e impunidad se reiteran al infinito en las provincias, y la batalla que ustedes tienen que dar en cada una de sus provincias es como liberar sus propias instituciones provinciales cautivas de los intereses de las empresas constructoras y de los gobernadores, para desde ahí reformular un país. No es el país y el interior. Todos somos el país o los provincianos no somos el país. No hay Capital e interior, hay un país que debe ser fundamentalmente unido, pero donde el criterio oligárquico de que aquel que vive más lejos piensa menos, debe ser desterrado para siempre. Cuando yo llegué a la Convención Constituyente del ´94, un convencional de la Provincia de Buenos Aires me dijo: "yo no sabía que en el Chaco había libros". Y no es para reírse, porque la persona no lo dijo para herirme, lo dijo para alarmarme, y en el fondo hay ahí un enorme prejuicio de que las neuronas nacen distintas según el territorio geográfico. Una cuestión que también tenemos los argentinos con el resto de Latinoamérica. Los argentinos creemos que haber nacido en la Argentina nos otorga neuronas diferentes que a los que nacen en Paraguay o Bolivia, y en el fondo creemos que nuestras neuronas están muy cerca de los mejores barrios de París, salvo este cambio que se hizo a partir de Cavallo y Roque Fernández, donde las mejores neuronas están en Chicago. Tenemos que ir a la cuestión Federal haciendo una gran autocrítica de cómo funcionaron muchísimas de nuestras instituciones en las provincias, porque si los pactos funcionan en la Nación, ustedes no saben cómo funcionan en las provincias. Es decir, no hay cuestión Federal que no sea la gran cuestión nacional. Tenemos que discutir la Matriz socioeconómica. Esa Matriz en la que ya están trabajando. No hay compatibilidad entre este Régimen Económico, Social y Político, y una salida. Hay una salida, pero es una nueva matriz de identidad, una nueva matriz institucional y una nueva matriz económica. No es gatopardismo. No es cómo hago alguna cuestión en materia de reintegro de las exportaciones, es cómo modificamos sustancialmente la distribución del ingreso en la Argentina y el modo de acumulación. Y ésta no es una cuestión de dos o tres resoluciones. Tenemos que hablar de la Reforma Política. Tiene que haber un compromiso: señores si esta matriz económica y social fue posible –hay que decirlo claramente- fue porque la complicidad del sector privado y público vino de la mano del financiamiento espúreo de la política. Hoy a un Macri con licuación de pasivos. De lo que nadie habla, porque el silencio a que nos someten tiene que ver con la estatización de la deuda privada que se ha cometido de nuevo en los últimos decretos. ¡Pero cómo no le van a perdonar a Macri con lo que ha financiado! En este punto tenemos que ser muy duros y el camino puede ser muy lento. ¿Saben por qué podemos estar todos juntos y les podemos decir a todos lo que les seguimos diciendo?, porque uno puede ser de izquierda o de derecha en este país, lo que uno nunca puede dejar de hacer es de hociquear a los grandes empresarios y financistas treinta días antes de las campañas. Si no lo hacés sos enemigo en serio. Mientras tanto podés jugar, si les pedís y hociqueás, podés jugar con ellos, hasta podés criticarlos, pero cuando no pedís, entonces sos enemigo en serio y todos nosotros tenemos que tener conciencia que esta pelea es muy dura porque los tipos quieren que hociqueemos y nosotros no vamos a hociquear. Por último, tenemos que poder darle un mínimo de organización a este Movimiento y esa organización tiene que ser absolutamente abierta, absolutamente democrática y absolutamente Federal. Acá nadie tiene que poder decidir desde un bloque de Diputados Nacionales solos, por más bien representado que esté, porque sería oligárquico. Acá tiene que haber una Junta Promotora Nacional donde estén representadas todas las provincias y las organizaciones sociales, para que las decisiones más importantes sean tomadas fácilmente, sean evaluadas, pero sean tomadas democráticamente por todos. La existencia de liderazgos, no puede significar la existencia de oligarquías. Los liderazgos sirven en la Democracia, si sirven para abrir el juego y no para cerrarlo. Ojalá que podamos constituir esa Junta Promotora Nacional, pero tampoco vamos a tomar la decisión acá, si no que cada uno debe volver a las provincias, para que democráticamente se elijan a los representantes. En esta Junta Promotora, donde nosotros queremos poner en discusión la presencia de los Diputados Nacionales, porque son los que finalmente instrumentamos desde las bancas distintas propuestas. También tenemos que ver cómo se van armando estas Juntas en las distintas provincias, pero sobre esto cada uno de nosotros va a bajar a cada una de las provincias, va a recorrer las provincias, para que aquellas cuestiones que deben resolverse en los marcos locales se resuelvan de la mejor manera allí. Hoy es tiempo de decir a dónde vamos, con qué intransigencia vamos y con quiénes hablamos. No es tiempo de decir cómo nos peleamos nosotros en cada una de las provincias. No tengan miedo, nosotros con los problemas que tenemos, tenemos los típicos problemas de crecimiento, entonces a uno le duele la pierna, a otro la cabeza; no tengamos miedo a eso, pero yo -para terminar- hago una apelación a cada uno de ustedes, y pido que lo transmitan a cada militante en cada provincia, de nuestra generosidad, de nuestro propio renunciamiento, de nuestra hombría de bien depende nuestro futuro. Yo les pido en nombre de todos nosotros, los que integramos el Bloque de Diputados Nacionales, les pido que interpreten algo, yo nunca hablo del mal, pero me parece que el mal es la mezquindad, si cada uno de nosotros puede sacar de adentro aquello que torna al otro en un potencial enemigo o competidor va a haber lugar para todos y de sobra. Si cada uno de ustedes sale a la calle, no a pelearse con un compañero del ARI, si no a pelear por la suspensión de las ejecuciones de las mujeres y hombres del campo, todos vamos a estar. Si por el contrario, esta decisión que es democrática y es de todos, prevalecen nuestros propios rencores contra los otros, nosotros seremos los únicos responsables de haber traicionado la voluntad popular que quiere una Argentina distinta, sin mezquindades, con Verdad, con Justicia y con República.
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