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Casa de la Militancia Abasto/Once

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"Confianza en la Democracia, rebeldía contra la injusticia, sueño de Solidaridad, continuamos en la Lucha"

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Discurso de Lilita en la Asamblea Legislativa - 22 de Diciembre de 2001

 

Sra. diputada Carrió. — Señor presidente: en nombre del bloque del ARI voy a hacer uso de la media hora de la que dispongo.

Me parece que lo primero que tenemos que hacer es interpretar profundamente lo que nos pasó y nos pasa a todos; y que es mucho más grave que una crisis de gobernabilidad. Si esto fuera sólo una crisis de gobernabilidad por el mal desempeño de un presidente, nosotros no tendríamos las dificultades que hoy tenemos.

Pero, en realidad, no es una crisis de gobernabilidad; es una crisis final y definitiva de un modo de acumulación y distribución del ingreso en esta sociedad, que comienza con el modelo económico de saqueo en el año 1976 y que continúa capturando las instituciones democráticas después del 86. Es una crisis profunda de legitimidad de todas las instituciones democráticas. No vienen sólo por una crisis de gobernabilidad.

Si ustedes escucharon lo que sucedió el otro día observarán que es el pueblo el que empezó a parir, con mucho dolor, nuevas instituciones, nuevos modos del ejercicio de la política, una nueva República y una nueva Nación. Estamos todos arrasados por esta profunda crisis de legitimidad donde la sociedad argentina dice: "la Justicia no administra la verdad y la Justicia.". Nosotros no representamos al pueblo; el Ejecutivo no está representando los intereses de la sociedad. Es una crisis demasiado profunda para que no la interpretemos, porque cuando los pueblos paren, lo hacen con o sin nosotros y la parición sigue y ya empezó.

Lo único que nosotros podemos hacer en estas circunstancias es garantizar al pueblo una transición —no importa el origen de la persona que estuvo en la Plaza, si era independiente, peronista, radical o socialista—, para que pueda construir democráticamente una nueva República con nuevas instituciones y aceptar que si todos debemos dar un paso hacia el costado para que esto nazca, es nuestro deber hacerlo.(Aplausos en las bancas y en las galerías)

Señor presidente: hemos fallado. (Aplausos en las bancas y en las galerías) Hemos fallado profundamente todos. Acá no hay quién se salve. Y debemos asumir esta situación, porque más allá de nosotros mismos, debemos colaborar ahora para que esa construcción no sea violenta y sin más muertes. Para ello tenemos que establecer dos esquemas: uno, de acuerdo democrático en este Parlamento de transición que solucione por lo menos cinco incertezas enormes que hoy tiene todo el pueblo.

Debemos poder acordar un plan de red alimentaria urgente para miles de personas indigentes que se han quedado sin el peso para comer. Lo primero es lo primero: el derecho a la alimentación. Muchas madres hoy no pueden dar de comer a sus hijos, y esta debe ser nuestra primera prioridad, con la que todos debemos estar de acuerdo.

¡Si hay que tocar reservas, toquémoslas! ¡Si hoy hay que suspender el pago de la deuda externa, suspendámoslo! Pero hagamos un programa entre todos para solucionar esto.

En segundo lugar, debemos garantizarle a muchísima gente que cualesquiera sean las circunstancias económicas que vayan a suceder en este final traumático, nadie va a quedarse sin su casa, sin su campo, sin su pequeño comercio. La gente tiene miedo de que el caos le traslade el problema de tener que seguir a los bancos, que saquearon impunemente a este país en dólares, si existiera algún caos económico mayor. ¡Démosle esta certeza!

El tercer punto es garantizarle que sus casas y sus lugares de trabajos productivos no van a ser ejecutados. Hagamos este acuerdo porque, en realidad, esta situación se parece a la de una madre que tiene que decidir si pagar a los acreedores o darle de comer a sus hijos. Lo debemos hacer.

Pero esta sociedad quiere mucho más: que cambien fundamentalmente todas las instituciones democráticas de este país. No viene por autoritarismo; viene por democracia y por República. Y nosotros hemos defraudado ese sentido; lo debemos asumir.

Ahora también quiero decirle a aquellos diputados que piensan que un presidente elegido por una Asamblea donde nosotros mismos estamos deslegitimados, no puede darle suficiente legitimidad a un presidente de la República para enfrentar los lobbies económicos que siguen funcionando en este país.(Aplausos en las bancas y en las galerías.)

Ayer me han llamado a mi casa empresarios y banqueros. Hay lobbystas internacionales en la Argentina que quieren la elección de un presidente débil, sin respaldo popular, para seguir saqueando a la Argentina. A un presidente lo respalda el pueblo o lo soporta el establishment económico. ¡Pregunten a la UIA y a los bancos! Están operando en simultáneo para que cuanto más débil sea el presidente que elijamos, más puedan saquear lo poco que le queda a la Argentina.

Acá debe ser elegido un presidente que goce de la confianza de un país y que con ese respaldo popular logre producir todos los acuerdos que saneen definitivamente a la Justicia. ¡Que remuevan a los jueces que garantizaron impunidad, incluida la Corte Suprema de Justicia de la Nación! (Aplausos en las bancas y en las galerías)

Es necesario incluso una Asamblea Constituyente, en donde cada uno deba volver a legitimar sus mandatos. Y es necesario un juicio histórico, como el que se le hizo a la Junta Militar, para juzgar por subversión económica y traición a la Patria a los actores económicos y políticos del saqueo nacional. (Aplausos en las bancas y en las galerías.)

Debemos hacerlo aunque nosotros mismos seamos juzgados. No debemos hacerlo ya más en nombre de ningún otro interés. Al menos garanticemos a nuestro pueblo que pueda fundar otra República.

El justicialismo tiene hoy las mayores posibilidades de que el pueblo lo respalde en esa misión; y nosotros debemos anteponer todos los intereses personales para que el pueblo libremente elija esto.

Garantizada una etapa de transición equilibrada, no tenemos que pelearnos ya por el poder. Son necesarios tres meses de un acuerdo democrático fuerte para permitir el acceso al poder de ese presidente que, con la confianza de toda una Nación, pueda producir el cambio institucional que requiere inapelablemente el pueblo, que es la reserva moral de la Nación. Lo debemos hacer con desprendimiento.

¡Ya estamos jugados! Los que avisamos y los que no. No crean que hay algunos que están exentos. Por primera vez en seis años de mandato de diputada nacional me acusaron en la calle. Estamos todos; no nos equivoquemos. Demos la última muestra de dignidad; incluso para recuperar la legitimidad perdida. Lo que no podemos es hacer primar la lucha del poder por sobre esta transición. ¡Hagámoslo ordenadamente! Así también van a tener más posibilidad de victoria.

¡No asaltemos el poder! ¡No violemos la Constitución! No es necesario; el pueblo no vino para cambiar la Constitución. ¡Él la quiere cambiar! No la cambiemos nosotros.

Debemos elegir un presidente provisorio, que sea una figura de consenso para todos y, sobre todo, de enorme confianza y ejemplaridad hacia la ciudadanía.

El justicialismo tiene muchos hombres que puede mostrar a esta sociedad, pero no hay consenso sobre la figura que propone. Es preciso que el nuevo presidente que asuma, aunque sea transitoriamente, muestre sus declaraciones juradas de conformidad con la ley de ética pública para ver cuál fue su evolución patrimonial y la de la familia. (Aplausos en las bancas y las galerías.)

Debemos votar una figura ejemplar en lo republicano. No podemos votar figuras que hayan sido cuestionadas por la violación de los principios más republicanos y elementales como la división de poderes, la independencia de la Justicia y la autonomía de los municipios.

No planteo esto como una cuestión personal. Les digo que la gente hoy lloraba en la calle y decía: ¡Tantos muertos para que no hayan entendido nada!

En esas condiciones, sin violentar la Constitución, se aprobaría algo que no puede sancionar la Asamblea Legislativa y con una ley de lemas que es claramente inconstitucional, que va a traer problemas de legitimidad al presidente que asuma. No pensemos en los problemas internos sino en que cada uno debe votar un presidente que goce de la confianza pública. ¿Es posible que un presidente con dos millones de votos gobierne y que un candidato con ocho millones de votos no gobierne? Les pregunto: ¿cómo va a hacer ese presidente con la confianza pública?

Tenemos toda la noche para ponerle racionalidad a esto y para poder dar este paso que es lo único que nos queda por hacer.

Ojalá que a todos los que fuimos compañeros de banca y de partido, que Dios nos ilumine para dar este paso y abrir la posibilidad a un pueblo de construir una nueva Nación. (Aplausos en las bancas y las galerías.)