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Casa de la Militancia Abasto/Once |
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Militancia en el ARI | Documentos y Escritos | Discursos y Notas Eje temático del Congreso | Documento de Casa de la Militancia | Conclusiones Discurso de Lilita Agradezco el hecho de que podamos estar todas juntas. Quizás este sea el momento y esto es maravilloso. Los hombres están con permiso, pero para estar bien atrás. ¿Se acuerdan ustedes cuando nos hacían servir las empanadas en las convenciones de los partidos, cualquiera sea el partido? Bueno, ahora creo que a las empanadas las van a hacer ellos. Me gustaría hablarles de nosotras, de la historia de las mujeres y del papel que vamos a jugar, no para ser nosotras solas sino para imponer una mirada que además sea del hombre y la mujer. La batalla cultural no es por el sexo. La batalla cultural es por la mirada. Cuando ambos sexos miran desde un lugar que puede comprender a todos, la batalla está ganada. No es cuestión que ocupe espacios un sexo. De hecho en la historia reciente de la Argentina muchas mujeres se incorporaron al Parlamento Nacional, pero nadie podría decir que María Julia Alzogaray mirara al país desde el lugar de la mujer. Entonces lo primero que tenemos que saber, es que ser mujer es poder imponer una mirada de un discurso que fue absolutamente silenciado por siglos y que está emergiendo con la fuerza de lo ausente. Porque no es que durante siglos no pensaron, no es que se suspendió el pensamiento y la acción a lo largo de siglos. Simplemente se trataba de una palabra no autorizada. Cuando ustedes estaban en una reunión, en una reunión política, pero también en una reunión en una casa, había como un recreo, que era el tiempo en que hablaban las mujeres. Yo lo veía claramente en las reuniones del bloque. En ese momento estaba en la U.C.R. y entonces hablaban los hombres. Había un recreo donde hablaba alguna mujer y seguía la conversación. Nadie se hacía cargo de ese discurso. Nadie entendía que debía entablar un diálogo con una palabra que estaba ahí. Y también nos sucedía en las propias casas de familia cuando había un asado y entonces los hombres para hablar de cosas importantes se iban a un lugar, y las mujeres -que debíamos hablar necesariamente de cosas poco importantes- estábamos en otro lugar. Cuando una mujer ingresaba allí se hacía un silencio, es decir un recreo, pero nadie volvía a entablar el diálogo con una mujer. Era el recreo. Esta es la ausencia de la palabra. No estábamos autorizadas a hablar, y si estábamos autorizadas a hablar era un espacio del vacío, donde nadie debía escuchar y menos todavía tener que contestar. También sucedía en las iglesias. Ustedes saben que cuando yo rezo en los cenáculos, todo el mundo, todo el mundo reza por tener sacerdotes santos y yo digo quién reza por las monjas que rezan por el mundo sin que nadie rece por ellas. Allí también el espacio es de un no reconocimiento. Claro, pero nosotros seguimos hablando, seguimos hablando con nuestros hijos, con nuestras amigas, pero siempre en un espacio privado. Sin embargo, las mujeres a lo largo del tiempo fueron las que dieron a las sociedades la fuerza en la ausencia. Allí donde nadie quedaba, allí donde se iban todos, allí quedaban las mujeres. El primer ejemplo, quizás, que tengamos de una contundencia brutal, es en la Biblia porque en realidad todos los hombres se borran en la cruz y sólo quedan mujeres. Y curiosamente miren cómo es, que el primer Apóstol es una mujer con un doble carácter, pecadora y mujer. Lo cual es casi parecido a Eva que es María Magdalena, pero nunca fue reconocida como Apóstol. En ese apostolado de reconocimiento no lo fue. Miren en la tragedia griega, Antígona. Lo de Antígona es impresionante, porque si bien esa tragedia es escrita por un hombre, Antígona aparece también en el momento en que se ausentan todos por miedo al poder. ¿Cuál es ese momento? Cuando el rey ordena matar a su hermano. A uno de sus hermanos y además dejarlo insepulto, que era la peor condena que alguien podía tener. Hay un diálogo que me parece maravilloso y que debiésemos rescatar que es entre Esmine y Antígona, la hermana. Son cuatro hermanos hijos de Edipo rey. Creonte, que era el cuñado el que asume el poder y el diálogo es maravilloso por que Antígona le dice, nosotros tenemos que darle sepultura a nuestro hermano, no puede quedar insepulto. Esmine le dice: ¿nosotras mujeres débiles podemos violentar, desautorizar la palabra del rey? Y Antígona contesta de una manera impresionante. Por encima del poder del rey está el derecho de toda persona inocente o culpable a tener sagrada sepultura. Y entonces ella finalmente, en ese momento del vacío , de la ausencia es la que ejecuta el acto que pone en ejercicio la civilización de los derechos humanos. Ella pone en ejercicio, no viene con el discurso, viene con el testimonio a ejecutar, a sepultar finalmente a este hermano, pero instaura también toda una civilización que va a ejercer por encima del poder de alguien. Están los derechos humanos inalienables de toda persona. Y ahí nosotras vamos a ver cómo el testimonio de la mujer está en una disponibilidad absoluta, incluso para dar su vida. Y qué curioso, su vida es poco importante, porque en ella la vida es menos importante que el valor, por eso promueve la vida. Porque la vida es el valor. No la vida física, sino la vida como el valor de las cosas en las que uno cree, con las que uno sueña, por las cuales uno camina. Y las mujeres creen aún sin ver. Porque las mujeres creen en ese hijo que nace aún sin ver. Las mujeres creen en Dios, por eso las iglesias están llenas de mujeres aún sin ver. Las mujeres creen en sus maridos aún viendo, miren qué cosa trágica. Ese es el primer elemento que me parece que nosotras tenemos que reforzar, reforzarlo internamente. Tenemos que poder recuperar con una enorme pasión aquellas características devaluadas, que nuestra vida fuera menos importante que los valores que tenemos que defender. Porque implica una redefinición de la vida que creamos sin ver, es decir que peleemos aún cuando todo se desmorona, es la fortaleza, es la fe en el mejor sentido de la palabra. Y que se manifiesta estos días, porque la Argentina hoy es muy parecida a cuando se nos muere un hijo. Si pudiéramos usar una metáfora es como cuando alguien se nos muere. Hay una Argentina que se nos muere, se nos mueren los chicos, se nos mueren las esperanzas. Nos mata la humillación, nos mata la indignidad, nos mata el cinismo y sin embargo cuando todo se desmorona, que es el lugar de la ausencia, las mujeres decidimos creer. Y cuando decidimos creer, decidimos vivir. Los pueblos cuando deciden creer deciden vivir. A mí una periodista de la revista Veintitrés me dijo: "pero cómo es posible que el pueblo que tantas veces fue traicionado pueda volver a creer". Es que todos fuimos traicionados, pero cuando uno decide volver a vivir, decide volver a creer. No hay otra. No se puede caminar sin pensar que lo que soñamos es posible. Ahora viene el otro punto. También aprendimos a lo largo de una durísima historia que la Verdad es dura. Y esto creo que lo tenemos que internalizar todas. La Verdad es difícil. No hay un camino lineal a la Verdad, a la Justicia o a la Igualdad. No hay un camino de rosas allí. Quizás el camino más lineal es el camino del poder. Al que busca el poder le es más fácil que al que busca la Justicia. Siempre el camino del poder ha sido más corto que el camino de la Justicia, que es eterno. En consecuencia lo otro que debemos asumir es que no podemos prometer un destino, no hay fin, hay caminos. Por eso el esfuerzo absoluto es la victoria absoluta. No es concluir con el objetivo la victoria, la victoria es cuánto ponemos de nosotras mismas en ese camino. Y como la Verdad es difícil, la formación que tenemos que tener es la fortaleza. ¿Para qué? Para resistir la adversidad. No es fácil encontrar la Verdad, no es fácil construir la tolerancia, no es fácil renunciar a nuestras propias miserias, no es fácil dejar de pelearme con el otro por estupideces. No es fácil no mentir y no mentirse. Y creo que lo más difícil es no mentirse a sí mismo. Asumir nuestras miserias, lo que somos es lo más difícil. Yo siempre contaba, y esto les va a pasar en el camino del liderazgo, que cada vez que me alababan mucho en televisión yo me ponía desnuda en el espejo, me veía la celulitis y se me bajaba el narcisismo. Y en este camino hoy estamos convocadas. No fue fácil, también es una metodología. Las Madres de Plaza de Mayo, que son nuestros grandes ejemplos testimoniales, también instauraron una metodología política. No fue el testimonio, eso también lo tenemos que aprender. No fue la mujer desesperada, llorando, rompiendo, sino con una enorme serenidad, que tenía un enorme dolor atrás, pero que buscaba ciudadanía, que buscaba Verdad y era no violenta .Sólo la presencia, el pañuelo y la palabra lograron derrotar al régimen genocida. No fueron los políticos. Gracias a todas porque sé todo el esfuerzo que significa en un momento así. De ahí viene un punto que también se repite en Martha Pelloni, y todas las chicas en Catamarca, que se repite en las chicas de Memoria Activa, con el tema de la AMIA, que se repite en las piqueteras, en las Mujeres en Lucha, las Mujeres Agropecuarias, en muchas militantes políticas, que cuando somos fuertes. Cuando reconocemos que somos débiles, el día que una persona, hombre o mujer, deja de ser omnipotente, es el día que puede caminar, porque camina con el reconocimiento de la debilidad, y en consecuencia con una fuerza, que sólo puede venir de los principios, que todo viene de los principios y que en algunos viene de la fe. Pero se camina ahí, se camina en la debilidad, no se crean nunca el discurso de los omnipotentes y los fuertes, no se crean nunca que las que a veces ocupamos un lugar de liderazgo mayor no estamos cansadas, no tenemos ganas de llorar, no estamos solas, al contrario. Todas estas condiciones están todos los días, el problema no es cómo uno se acuesta, el problema es cómo uno se levanta, y uno cuando se levanta, se levanta diciendo: es preciso seguir caminando, entonces, en esta conformación política que es el ARI, donde las miserias del pasado, aparecen todos los días, aun queriendo decir vamos a hacer algo nuevo, lo nuevo se construye con ladrillos viejos, y nos acompañan viejas prácticas políticas que lo único que hacen es enredar el juego en vez de limpiarlo. El primer acto que nosotras tenemos que trabajar es la renuncia a nuestras propias miserias. Porque cuando uno puede ver al otro, pero puede reconocer antes sus propias miserias, ve al otro como es, no vamos a construir un espacio idílico, porque los espacios idílicos no existen, "salvo con la material químico del enamoramiento" de las tres primeras semanas. No hay espacios idílicos: hay espacios humanos, y como los espacios humanos son espacios conflictivos, lo que hay que tratar de hacer es sacar del juego de espacio nuestros propios miedos, que es lo que enrarece. Primero el miedo al otro, que el otro me saque el lugar, que el otro sea mejor que yo, que el otro sea más bueno que yo. Eso es miedo, hay un miedo al otro si uno se reconoce débil, perdió el miedo... Cuando uno se reconoce el peor de todos: uno pierde el miedo, porque el miedo nace cuando uno se construye algo que uno no es. Pero si uno es el último ¿qué problema hay que vengan todos? El otro elemento es que hay que sacarse el miedo: uno puede estar preocupado -algunos piensan que soy una irresponsable- y digo: "yo no tengo miedo" por qué vamos a tener miedo, si caminamos sin nada, si caminamos con nuestras conciencias, si caminamos con nuestros principios, por qué va a haber miedo. ¿Miedo a qué? Si no nos formamos una careta de lo que somos, si somos eso: gordas, periféricas, provincianas, marginales, antiestéticas, horribles -una maravilla-... El otro tema es el prejuicio, que es también el miedo al otro por desconocimiento de lo que hay en el otro. El prejuicio a la "radical", el prejuicio a la "peronista", el prejuicio a la del "frente", el prejuicio a la "socialista", el prejuicio a la "casada", no se puede vivir con los prejuicios. Hay que poder tomar, que tenemos que ser como ARI: el lugar donde la historia de la otra, sea tomada sin beneficio de inventario, vos estas acá, con todo y esto no es fácil. Porque nosotros miramos la vida desde un lugar y viene otra que la miró desde otra práctica y desde otro lugar. Este lugar que ocupó la otra es una historia donde desde mi propia historia se hizo la diferencia, pero fíjense lo maravilloso que es poder tomarlo al otro y que el otro te cuente. Lo mejor que podemos hacer las mujeres en el ARI es contarnos las historias, porque contar las historias. Nosotros estamos acostumbrados a hablar de lo que vamos a hacer, qué vamos a hacer con la violencia doméstica, etc, pero tendríamos que poder hablar de nuestras historias, porque si nosotros logramos que mujeres que vienen de distintos lugares, a lo mejor de una "no" participación política, otras de una participación política, otras de la universidad, otras de la casa, otras del trabajo doméstico, hay una riqueza de historias detrás de cada persona que es lo que va a fundar la vida futura, porque de ahí nace el amor "chicas" uno quiere al otro cuando sabe la historia del otro, uno perdona al otro cuando entiende por qué algunas actitudes del otro. Hay mujeres muy duras porque han sido muy golpeadas y si nosotros conociéramos esa historia ellas se ablandarían y nosotras las entenderíamos. Porque permitir hablar de esas cosas es quizás lo que nos impide, lo que nos permite y no es una cuestión menor, esta no es una cuestión menor, porque eso es lo que va creando el vínculo, eso es lo que va creando el niño por nacer, como una red de historia de principios, de cuestiones, pero que nos da una fuerza enorme. El otro punto: tenemos que dejar la vieja costumbre de asociarnos a hombres para ganar las disputas que pueden existir entre mujeres. Si hay algo que caracterizó a las historias políticas, es que cuando una mujer no tenía un liderazgo natural en un determinado ambiente hacía que su liderazgo sea soportado por otro, se les nota: hay una Diputada que entra al recinto y yo le digo "estás llevando el poder de otro" y ella lo ostenta, ella no se da cuenta pero en realidad -es menemista para su tranquilidad- digo. tenemos que dejar de lado, esas prácticas, porque estas son las prácticas machistas que nosotras hemos heredado, pero para eso tenemos que construir redes, no solo tenemos que poder liderar -no solo el espacio de las mujeres-, tenemos que poder liderar el espacio de hombres y mujeres jóvenes, todos. No hay una cuestión de "yo vengo liderando este espacio de mujeres", si no que hay una condición: son dos cosas difíciles, por un lado, no asociarnos a hombres para imponer el liderazgo de las mujeres, y por otro lado el liderazgo del espacio, no solo el liderazgo de "el subespacio de las mujeres". Les voy a contar algunos problemas que tienen los hombres con los liderazgos de las mujeres, yo sé que ellos van a asentir. Es muy difícil: en esto hay que entenderlos asumir el liderazgo de una mujer. ¿Por qué? Porque hay algunos prejuicios acerca de nosotras que tendemos a reforzarlos. Por ejemplo: que las mujeres no piensan demasiado, nosotras sentimos pero no pensamos, entonces ¿qué pasa cuando alguna mujer lidera? Lo primero que dicen es "hay que aconsejarla, para que pueda pensar la pobre". Porque lo que suponen, es que ahí hay un espacio de sentimiento, donde está suspendido el pensamiento y ahí viene lo que se llama la candidatura vacía. Esta cosa extraña de que la gente quiera a una mujer sólo puede ser resuelta si a esa candidatura le ponemos estructura de hombre, consejos de hombre, "yo me estoy mirando a mí misma" y se lo transmito a ustedes. Pero bueno una candidatura vacía qué se le va a hacer, uno la soporta, porque en definitiva esa persona puede ser un instrumento del poder de los otros, pero ¿qué pasa si a la mujer se le dio por pensar? ¡Esta es una cosa tremenda! Si la mujer deja la cuestión del afecto y piensa y además como muchas tenemos la experiencia de la vida, o la experiencia de la lucha y ¿qué hacemos cuando una mujer piensa? "Está loca" (dicen). Porque el estatuto de la locura -vieron los maridos dicen "ésta está loca"- cuando la mujer dice "yo no voy a hacer esto" y dice "ésta se enloqueció". Y además debe estar influida por alguna amiga y esto es grave. Y entonces la empiezan a llamar "lilita". Y ahí ¿cómo solucionamos el tema de que la mina piensa?... Y bueno, tratemos de que piense y que no haga locuras. Yo recuerdo -y esto se lo transmito porque es clarísimo- que hace un año y pico yo me banqué el estatuto de la locura. Desde el Ministerio del Interior se decía "esta chica está desequilibrada, parece que la internan en el Moyano cada tanto". El único pecado que había yo cometido era decir "yo no voto la reforma laboral, yo no voto la traición, no la voto"; "esta chica está loca". Digo que les va a pasar a ustedes, les va a pasar en todos los lugares, la locura es un estatuto todavía admisible, porque además ahora tiene cierto encanto ser loca después de las Madres de Plaza de Mayo. Pero todavía queda el otro punto que es el que dicen "bueno pero esto es un rasgo de la histeria, la verdad que cuando la mujer no se subordina es histérica". Con lo cual nosotras tenemos que tener mucho cuidado ahí, nosotras las mujeres. Porque en realidad este es un riego en serio. Claro, como tanta fue la presión ¡una por ahí se vuelve loca en serio! Porque uno quiere agarrar al otro y decirle "¿qué hiciste?" Mi abuela hizo algo más maravilloso -que lo conté muchas veces-, que es quemarle la biblioteca a mi abuelo y lo mató dos veces. Mi prima dice que cometió un tercer asesinato "se prohibió hablar de él". Desde nunca se sabe cuándo murió, si cuando murió afectivamente, si cuando le quemaron la biblioteca y si cuando ya no se habló más de él. Ahí hay un espacio donde nosotras tenemos que tener mucho cuidado, porque una tiene que tener serenidad, la falta de serenidad hace que no se escuche el argumento, y la falta de serenidad pierde la autoridad de la palabra. No es lo mismo decir algo desde el rigor de la serenidad, que decirlo desde el lugar del descentrado, del sacado. Ustedes vieron que cuando realmente se tiene autoridad no se grita. Sólo se grita cuando no se tiene autoridad. Habría que poder resolver eso. El otro problema es el techo de cristal en este país no es bueno -aceptemos que tan locas no están, que tan histéricas no son- pero hay que ver qué lugares se les dan. Guarda que esta lógica es una lógica que la tenemos nosotras adentro también, cuando yo estoy hablando desde el lugar del otro, estoy hablando de otra cultura y es una cultura de hombres y mujeres. Yo entro al espacio con un condicionamiento, porque en la mujer está metido esto de que "yo no puedo hacer tal cosa, yo no puedo hacer tal otra" y ahí el tema es el lugar y no el espacio. "Las mujeres son bárbaras para caminar la calle, pero ¿Diputadas?" El problema que tenemos -como decían los hombres hace un tiempo- "es muy difícil encontrar una mujer para ejercer cargos", hay miles de mujeres, militantes y circulando por ahí, pero ¿Diputadas? ¡no!, ¡Diputados son los hombres! ¿Y qué mujeres ponemos? ¡habría que buscar!, "¿che y esa amiga tuya?, y no será tu esposa mejor, entonces nos aseguramos el lugar y los asesores". Guarda que hay una imposibilidad de abrir el espacio, pero también el techo de cristal está puesto por nosotras. Nosotras tenemos que decir en este Movimiento: "no hay techo", pero tenemos que meterlo en la cabeza, de que esto no va a poder a ser asegurado desde un lugar, va a ser promovido desde un lugar, pero ustedes tienen que resistir las prácticas, no es el segundo lugar para la mujer: ¡es el mejor lugar para el más competente mujer u hombre! y si por si acaso alguien les diga "el primer lugar es para los hombres", entonces ustedes le contestan "búsquense otro candidato a Presidente, porque nosotras ya tenemos nuestra candidata..." Pero díganlo, peleen los lugares, pero pelear los lugares significa pelear la competencia y el derecho al lugar , desde el lugar del trabajo militante, no necesariamente deben ocupar cargos en los gobiernos; y este es el otro punto que quiero analizar, los que tienen una determinada formación universitaria. "Porque esto es una discriminación sin sentido". Hay muchos saberes y esto también hay que trabajarlo en los talleres, los saberes son diferentes, pero no menos importantes, está el saber practonótico, está el saber de la vida, está el profundo saber de la experiencia, y el sentido común que nace del dolor de una vida vivida con enorme esfuerzo. Esa persona debe ser mejor Concejal que un contador. También tiene que estar el contador, pero tenemos que poder democratizar los saberes. Por eso no tenemos esto de las fundaciones, equipos técnicos que además son internas para acceder a cargos, porque hay que saber destruir la idea de que el saber técnico como saber especial, es un saber superior. No es que yo he sido menor o mayor Diputada por lo que sabía, por ser 20 años profesora en la Universidad, es cierto que ayuda, es cierto que ha ayudado en la Comisión en donde yo estaba: la Comisión de Justicia, de Legislación General, etc. Es cierto, pero en realidad en la pelea, si bajo otras condiciones, en la capacidad de la resistencia, en la capacidad del esfuerzo, en la capacidad de sostenerse, en la capacidad de articular, tenemos que poder decir que tenemos que estar todos porque todos somos valiosos. Y esto también es difícil sacarse de encima. ¿Quién sabe más de agricultura? ¿El técnico que está allí como ingeniero agrónomo estudiando en la Universidad de Buenos Aires; o Joaquina -que no la veo por aquí- de Mujeres en Lucha de La Pampa que administra sola su campo? Obviamente tenemos que armar el grupo de reflexión nacional sobre las propuestas del ARI, tiene que ser un grupo donde todos los saberes, donde todas las experiencias de la vida, las competencias puedan ser articuladas. ¡Qué bueno sería que en una lista vayan casi en igualdad democrática todos los saberes y todas las experiencias!, porque ese grupo que está cerrado va a ser sobrepasado por la propia realidad y la vocación militante de otros y nadie puede venir a discutir acá el tema del origen. ¿Qué quiero decir con el tema del origen? Cuando yo fui candidata a Diputada Nacional, el Movimiento que me llevó después a Diputada Nacional y yo no quería ser -yo entiendo todo, porque como yo fui de todo- ese espacio que nosotros tenemos que abrir tiene que ser concéntrico -cuando fui candidata en realidad fui usada, siempre fui usada, yo sabía que era usada- y después se dan cuenta tarde... En realidad lo que decían algunos a la primera reunión donde voy es "pero ella no estuvo en el principio", ¿qué es lo que van a decir muchos de ustedes? No es así. ¡Cuando algo está en formación no hay derecho de origen!, de eso podemos hablar después de 50 años... Pero cuando algo está en formación, no es que porque yo vine primero tengo el poder, ¿de quién? Hay que hacer círculos concéntricos y hay que poder superar las diferencias, en el círculo concéntrico -si yo estoy en un barrio y somos 10 mujeres y hombres , tenemos que tratar de que en un par de meses seamos 20 mujeres y hombres-, el tema es cómo se los incluye. Si yo los incluyo como periféricos a los 10 que vienen se van a ir, porque estamos nosotros, después vienen ustedes, después vienen los otros etc, etc. Tenemos que tratar de ir despacio, porque si no la homogeneidad es muy difícil, pero tengo que asumir este desafío y para eso tengo que perder el miedo al otro, y el miedo a perder mi lugar. El lugar se gana con el legajo en la sociedad no por quién está primero en una reunión. El gran desafío es construir liderazgos plurales, y el papel que a veces me hacen jugar a mí, es tremendo, si hay una sola cosa que me agobia y me deprime, si hay una cosa que me tumba: es que muchos no quieren entender que hay un espacio abierto para ser caminado y no un espacio cerrado para ser discutido. El problema no es pelear contra los corruptos, el problema no van a ser la campaña de destrucción que vamos a tener, el problema no son las mafias, el problema no son los bloques, el problema no son las envidias, lo único que rompe el alma son la peleas internas por espacios de poder que están abiertos. Y se los digo desde el alma. Tenemos que entender que este espacio se abrió desde un enorme dolor, desde un enorme dolor de traiciones de luchar, de llorar, no es un espacio abierto gratis. Entonces tenemos que tener eso en el orden de la generosidad y la gratuidad. Nunca se olviden que los últimos son los primeros, que los que sirven son en definitiva después los reconocidos. ¡Es tan largo el camino! Pero eso sí "el que se come todo se come a sí mismo". Con esto voy a terminar, la verdad es difícil. Caminar es muy difícil, pero tenemos que poder caminar soportándonos en el afecto, o en el reconocimiento en saber que somos perseguidos por causas de la Justicia, en la alegría de ser perseguidos por nuestra causa, les van a pasar muchas cosas en el camino. Hay un poder que se niega a irse y un nacimiento que es absolutamente traumático, les van a pasar muchas cosas en el camino y habrá que usar nuestra inteligencia, nuestra militancia las que hemos militado de una u otra manera durante muchos años, estamos acostumbradas a "el cepo". Y sabemos cómo eludir el cepo. Lo difícil es cuando yo recién entro, porque cuando yo recién entro en realidad pienso que allí se están peleando por la torta, y al final es igual que todo y uno se desmorona y vuelve a la casa y dice "para que voy a hacer eso". Ahí es donde tenemos que temer. Nosotros no fuimos a construir el cielo, el espacio es acá en el mundo y en el mundo hay "Judas", en el mundo hay egoístas, en el mundo hay traidores, en el mundo hay partidos y en el mundo hay afecto, en el mundo hay cansancio, en el mundo hay todo. "Nos mandaron a pelar en el barro" y en el barro tenemos que poner claridad con lo cual lo que viene no es el abandono sino la persistencia, eso es lo actual. No nos pueden quitar nuestro espacio y el desafío de construir precisamente este espacio de la generosidad. Y cuando decaigan, cuando todo se desmorone, piensen que ya no es que nos conviene hacer política, sino que debemos hacer política. Estamos para entregar nuestro prestigio al servicio de una nación diferente, no estamos para guardarlo. Miren a Reutemann: "cuando este todo ordenado yo voy a ser...", "cuando esté crecido el chico me lo entregan". Hay que saber que muchas de nosotras, todas y muchas más y muchos más estamos embarazadas, muchas veces sin haberlo querido. Y yo estoy en la situación (y nos dicen "a usted le parece la oportunidad, están preparados"), "yo estoy embarazada de tres meses", ¿qué quiere? ¿Qué pregunta me está haciendo? La única pregunta es una chica de 15 años embarazada de 6 meses en un barrio (dicen "¿no habría sido mejor que te quedaras embarazada en otro escenario?; hubieras usado ese método, etc, etc.") y la chica pobre que no tiene que comer, que es empleada doméstica y que la tienen que echar del trabajo, dice "estoy embarazada de 6 meses y voy a tener un hijo y lo voy a engendrar de la mejor manera posible". Esto es lo que tenemos que decir nosotros "estamos embarazados de 6 meses" hay que tenerlo, hay que criarlo de la mejor manera posible, con la mayor generosidad posible y no hay nadie que pueda producir mejor parto que una mujer. Gracias. |
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