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Casa de la Militancia Abasto/Once

....................... .......... .  . ...... . ..... Juventud Nacional

"Confianza en la Democracia, rebeldía contra la injusticia, sueño de Solidaridad, continuamos en la Lucha"

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Diagnóstico y propuestas para la Juventud


Los jóvenes en la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires

 


Argentina: una comunidad en riesgo

IEF - CTA

 


No trabaja ni estudia más de un millón de jóvenes

Por Francisco Olivera

La Nación - 02/09/02

 


El trabajo de los jóvenes

Por Claudio Lozano.

 


Estadísticas de la Juventud en la Ciudad de Buenos Aires

Dirección Nacional de Juventud; FNUAP

 


De los Jóvenes, la Juventud y las Políticas de Juventud

Por Sergio Balardini

 


 

Juventud

El sector "Juvenil", uno de los más castigados por las crisis y el abandono programático de partidos y gobiernos, se vuelve aquí en eje central de nuestro compromiso militante. Por esta razón, esta sección ha sido pensada con el objetivo de que pueda obtenerse todo tipo de material, desde estadísticas hasta publicaciones, referido a la temática.


Algunas consideraciones conceptuales

¿Jóvenes, Juventud o Juventudes?


Lo primero que hay que entender es que "la juventud" es un producto histórico. No así los jóvenes, éstos siempre existieron. "Juventud" es el resultado de relaciones sociales, relaciones de poder, relaciones de producción, que terminan por generar un nuevo actor social. Este nuevo actor social se manifiesta luego de producidas las revoluciones burguesas y esto tiene por motivos la importancia que toma la división del trabajo emergente, entre la unidad doméstica y el mundo del trabajo; y el proceso de individualización gradual de los sujetos. A estos motivos resulta indispensable agregar tres instituciones: la escuela, la familia y la niñez. Éstas darán los elementos necesarios para la formación y la calificación requeridas por el mundo del trabajo (para ser parte de él).

 

Posteriormente, serán otros componentes los que se sumen a aquéllos: el cambio tecnológico; los desplazamientos poblacionales; las migraciones; el fin de la ruralidad; la creación del mercado de consumo de bienes para jóvenes. Este punto es importante porque mostrará una diferencia con los jóvenes de la generación anterior: estos últimos resultaban cronológicamente jóvenes, pero cultural y socialmente adultos; resultante de que su concepción del trabajo era en función de mantener su casa. Una vez surgido el mercado de consumo –y existiendo el Estado Benefactor- los jóvenes pueden observar sus ingresos en función de sí mismos, lo que va a ir generando una cierta sensación de independencia personal. De este modo, individuos jóvenes de la misma edad se van a ir encontrando y van a ir viviendo acontecimientos conjuntos, empezarán a desarrollar una sensibilidad común, observarán que poseen realidades afines, elaborarán una identidad común y moldearán el papel o las funciones que desempeñarán en sus comunidades.

 

Los noventa presentan importantes cambios en la estructura social, producto de las transformaciones político-económicas internacionales; y de las políticas neoliberales implementadas. Estos cambios han generado una amplitud para que muchos dejen de hablar de "juventud", y comiencen con "juventudes".

 

El término "juventudes" (jóvenes que han adquirido cierta condición juvenil) guarda una estrecha relación con el carácter individualizante, con el narcisismo y la competencia, propios de nuestro tiempo. Tenemos una realidad que lleva a que los jóvenes se sientan cada vez más ajenos a una sociedad integrada generacionalmente. La individualización llega al extremo de destruir al sujeto, ya que el sujeto es responsable de sí, pero también de sus actos, y a su vez, de sus triunfos y derrotas. De este modo, las derrotas y equivocaciones son vividas como si los mismos sujetos fueran culpables de su situación por fuera de las estructuras.

 

De manera vale destacar que la "juventud" está casi reservada a los sectores medios y altos de la sociedad -que pueden acceder a la educación superior-. Y esto porque en los sectores más pobres ingresan al mundo laboral más prontamente, al igual que a la conformación y reproducción de la propia familia, y donde la deserción escolar trepa a cifras importantísimas. No obstante, el alto nivel de desempleo y el constante requerimiento de calificación, llevan a que se vaya extendiendo el período de transición de la juventud a la adultez.

 

Los jóvenes son presentados en un doble papel: como agente activo del proceso de cambio social, y a la vez, como su víctima. Hay que tener en cuenta que "la juventud crece en un ambiente contradictorio: tiene aspiraciones al consumo que asocian el ser al poseer y carece de los recursos que exige la lógica de mercado (...) Por otro lado, el sistema educativo no tiene capacidad de retención de los jóvenes, mucho menos si éstos pertenecen a familias con necesidades básicas insatisfechas o cercanas a la línea de pobreza" (Margulis Mario, 2000).

 

Nuestra postura

 

Si bien reconocemos la complejidad que nuestro tiempo imprime a la caracterización y reconocimiento de la Juventud como sector social, creemos conveniente buscar dentro de esa heterogeneidad (Juventudes) denominadores comunes que nos permitan hablar de Juventud. De esta manera, estamos convencidos que estos denominadores -que, aunque muchos sostengan lo contrario, pueden ser generacionales- ayudarían a evitar la atomización, el indiviadualismo y la focalización que desde los estudios y las políticas sociales se extienden por toda América Latina; como así también revalorizar el espacio y protagonismo de este sector social que debe ponerse a la altura de las circunstancias y encabezar un proceso de transformación sociocultural en nuestro país y en toda Latinoamérica.

 

* Material consultado:  1) Conferencia pronunciada por el Lic. Sergio Balardini en el Seminario «Políticas locales de juventud», en Concepción, octubre de 1999,  organizado por cidpa Viña del Mar y el Departamento de Jóvenes de la Municipalidad de Concepción. 2) Margulis, Mario (editor), La Juventud es más que una palabra, Argentina, Ed. Biblos, 2000, Segunda edición.